2 julio, 2026
por Arquine
Del 27 de mayo al 11 de septiembre de 2026, el Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro (COAVN), en Bilbao, presenta Tomás Bilbao por Tatiana Bilbao, una exposición concebida por la arquitecta mexicana que revisita la obra de su abuelo desde una perspectiva inusual: la transformación de los edificios después de décadas de haber sido habitados. Enmarcada dentro de BIA 2026 — Bilbao Bizkaia Architecture Urban Regeneration Forum, la muestra acompaña el reconocimiento otorgado a Tatiana Bilbao con el Premio BIA 2026.
La exposición plantea una pregunta sobre la permanencia de la arquitectura: ¿qué ocurre con un edificio cuando el arquitecto deja de intervenir en él? La respuesta no se encuentra en planos, fotografías o documentos de archivo, sino en las transformaciones acumuladas por el tiempo, el uso y las personas que lo habitan. Tomás Bilbao por Tatiana Bilbao propone observar cómo la arquitectura continúa reescribiéndose mucho después de haber sido construida.
Tatiana Bilbao sintetiza esta postura en uno de los textos que articulan la muestra:
“Un edificio no termina cuando se construye. Empieza después: cuando alguien entra, cuando se abren y se cierran puertas, cuando se cocina, se limpia, se discute, se permanece: se cuida. Empieza en ese encuentro cuando la vida cotidiana entra en contacto con la forma trazada por la arquitectura.”
Esta es la clave de lectura de toda la exposición. La arquitectura deja de entenderse como objeto acabado, en cambio se asume como proceso abierto, donde el desgaste, reparaciones, apropiaciones y modificaciones cotidianas forman parte del proyecto. Así el archivo ya no es registro definitivo del pasado, sino un marco comparativo para mirar los edificios desde su presente.
La exposición sitúa la figura de Tomás Bilbao más allá de su producción arquitectónica. Formado en Madrid y vinculado a la transformación urbana del País Vasco durante las primeras décadas del siglo XX, Bilbao combinó el ejercicio profesional con una intensa actividad política como concejal del Ayuntamiento de Bilbao y diputado durante la Segunda República. Su trayectoria quedó abruptamente interrumpida por la Guerra Civil y el posterior exilio en México, donde continuó ejerciendo la arquitectura hasta su muerte en 1954. Ese doble rol —arquitecto y servidor público— permite comprender una práctica que se integra a la ciudad existente, entendiendo la arquitectura como una herramienta de negociación entre la normativa, el espacio público y las necesidades de la vida colectiva.
La muestra reúne ocho proyectos —Cooperativa de Buenavista, La Unión y el Fénix, Plaza del Mercado de Azkoitia, Casa Social, Casa Alday, Casa Aguirre, Casas Mugire-Líbano y la instalación para Altos Hornos de Bizkaia en Barcelona— que permiten reconocer preocupaciones latentes en la trayectoria de Tomás Bilbao. La selección de proyectos se lee como un sistema de relaciones donde aparecen tensiones constantes en la obra de Bilbao: la ciudad existente como materia de proyecto, la vivienda como estructura social y la técnica como herramienta de adaptación.
En La Unión y el Fénix (1928), la incorporación de una cúpula mediante la lectura flexible de la normativa redefine un edificio e introduce la idea de que la regla urbana puede ser un campo de negociación.
En Casas Mugire-Líbano (1933) la misma lógica reaparece, ahora en la continuidad de fachada y en detalles como los vidrios curvos, así la norma se convierte en imagen urbana. Esta línea de trabajo sugiere una arquitectura que no se impone sobre la ciudad, la reinterpreta desde dentro.
En paralelo, otra serie de proyectos se aproximan a lo doméstico, lo colectivo y lo infraestructural como campos continuos. La Cooperativa de Buenavista (1925) ensaya una vivienda entendida como organización comunitaria en diálogo con la topografía; la Casa Social (1927) amplía esa dimensión hacia programas culturales y parroquiales que mezclan lo público y lo cultural; y la Casa Aguirre (1931) aplica el racionalismo como mejora concreta de la vida doméstica a través de la luz, la ventilación y la relación con el exterior.
En la Plaza del Mercado de Azkoitia, la exploración se desplaza hacia la estructura y el uso público, donde la técnica constructiva permite sostener un espacio flexible, abierto y funcional. Finalmente, en Casa Alday (1928), la intervención sobre lo existente condensa quizá la idea más contemporánea del conjunto: la arquitectura como transformación, reutilizar es una forma plena de proyectar.
Leídas en conjunto, estas obras revelan que la arquitectura de Tomás Bilbao nunca persiguió un lenguaje cerrado. Cada proyecto responde a un problema distinto —la normativa, la topografía, la estructura existente, el espacio público, la vivienda o la infraestructura—, todos comparten una misma disposición a trabajar con las condiciones dadas, sin imponer una forma preconcebida. La selección curatorial demuestra diversidad y, al mismo tiempo, un hilo conductor que une edificios construidos en circunstancias muy diferentes.
Esa lectura se amplía mediante el propio dispositivo expositivo. Las maquetas desarrolladas por Tatiana Bilbao Estudio reinterpretan los edificios desde la memoria y condensan las ideas que los atraviesan. A ellas se suman documentos originales y fotografías por Luis Asín e Iwan Baan.
El archivo devuelven al visitante al momento del proyecto, y las imágenes muestran la arquitectura en su estado actual: materiales envejecidos, modificaciones acumuladas, apropiaciones domésticas y edificios que siguen adaptándose a nuevas formas de habitar. El diálogo entre ambos registros convierte el paso del tiempo en un material más de la exposición.
Tomás Bilbao por Tatiana Bilbao presenta sus biografías. Cada proyecto es evidencia de que la arquitectura nunca permanece inmóvil y de que su permanencia depende precisamente de su capacidad para transformarse. El cuidado, como adaptación continua, es una condición fundamental para la supervivencia de la arquitectura.