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The Funambulist

The Funambulist

26 agosto, 2014
por Arquine

por Alejandro Hernández Gálvez | @otrootroblog

manonwire

Un funambulista es quien camina por una delgada línea que no separa: une. Como Philippe Petit, quien en 1974 cruzó de una torre del desaparecido World Trade Center de Nueva York a otra, a más de 400 metros del suelo, como cuenta el documental Man on Wire. En su blog The FunambulistLeopold Lambert camina sobre esa línea que a veces es más bien una zona, un campo —el campo expandido de la arquitectura, parafraseando aquél ensayo de Rosalind Krauss sobre la escultura— en el que la arquitectura se encuentra con la filosofía, la geografía o la política —la geopolítica, pues. La visita repetida a esa zona difusa no recurre a la demasiado solicitada multidisciplina —que finalmente parte de la convicción de cierta consistencia y autonomía disciplinar— sino, tal vez al contrario, cuestiona la posibilidad misma de una disciplina pueda cerrarse como un campo definido —y definitivo. En una entrevista a Bryan Finoki, editor del blog SubtopiaLambert explica que parte de su “intuición de que la arquitectura no es jamás inocente. Por lo que no quiero decir que cada forma espacial haya sido pensada y diseñada como un arma política, sino más bien que se trata de una condición inherente a la arquitectura que no puede evitarse.

La entrevista a Finoki y la tesis de la no-presunción-de-inocencia de la arquitectura, las retoma Lambert en su libro Weponized Architecture. “La afirmación de que la arquitectura nunca es políticamente neutral —escribe— implica que no estar al tanto del poder político de la arquitectura ya constituye, de facto, una actitud política.” Con todo, la arquitectura no tiene necesariamente que doblegarse ante las reglas del poder político establecido. Lambert plantea tres alternativas para una arquitectura de resistencia. Primero aquella que intenta cambiar desde la legalidad misma —un trabajo difícil, paciente y por lo mismo no siempre oportuno. La segunda es la exactamente opuesta: basada en la idea de la desobediencia civil de Thoreau, se trata de intervenciones que no se doblegan ante las reglas, al contrario: las niegan. Entre esas dos alternativas está lo que Lambert califica como legalidad inesperada: el trabajo ni dentro ni fuera de la ley sino al borde, en el margen, en los intersticios que permiten acciones poco exploradas.

A lo descrito más arriba, hay que sumar en el trabajo de Léopold Lambert su interés por filósofos como Foucault, Deleuze o Spinoza, por el estatuto del cuerpo en relación a esa arquitectura jamás inocente políticamente, sobre la arquitectura como un mecanismo de control —como en el caso de lo que Eyal Weizman ha calificado como una ocupación civil por parte de Israel en los territorios palestinos. De eso y otras cosas conversaremos hoy con Léopold Lambert en Arquine. El cupo es limitado así que habrá que confirmar su asistencia a difusion@arquine.com