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Columnas

Salvador Novo era una calle. Conversación con Luis Felipe Fabre

Salvador Novo era una calle. Conversación con Luis Felipe Fabre

11 agosto, 2017
por Christian Mendoza | Instagram: christianmendozaclumsy

 

y al fin abrió la puerta

y dejó que la calle entrara al jardín.

Salvador Novo

En Escribir con caca, nuevo libro del poeta Luis Felipe Fabre, el autor revisa la figura de Salvador Novo, escritor que, a pesar de los años, continúa siendo un personaje complejo. Novo fue una persona pública bastante controvertida en un momento en que el espacio público de la Ciudad de México, así como su arte público, servía a una propuesta ideológica no sólo política sino también de género: sólo los hombres posrevolucionarios, sólo los funcionarios más rectos y más patrioteros, podían construir la nueva ciudad. El muralismo, ese brazo del primer oficialismo priista, retrató a Novo a cuatro patas. Para lo que para ellos era detrimento, más bien se trataba de una realidad. “Novo nació en la Ciudad de México, pero su niñez la pasó en Torreón, en el norte. Cuando regresó a la capital para estudiar, un poco huyendo de la Revolución, también descubrió la libertad. No es lo mismo alguien que pasa toda su vida en la ciudad a quien regresa y la redescubre. Y lo que fascina a Novo, en este redescubrimiento, es la fascinación por las posibilidades que ofrece la ciudad: un redescubrimiento y un autodescubrimiento. Yo creo que fue explorando la ciudad conforme se fue descubriendo a sí mismo, a su propia sexualidad y su propia posibilidad de libertad. La ciudad que le tocó, toda, sucedía en el centro, la preparatoria nacional estaba en San Ildefonso, y también le tocó la ciudad nocturna. Tenemos crónicas de la ciudad desde siempre, pero la ciudad nocturna, la ciudad secreta (¡la ciudad moderna!), la ciudad gay, la ciudad de los cabarés, Novo es el primero en narrarla, en trazar la primera guía por esa sección oscura. ¿Qué pasa en los cuartos de azotea? ¿Qué pasa en la entonces calle de Plateros? Va pasando la familia con los niños, van a comprar cosas a La Esmeralda, ¿pero qué con ese señor que estaba parado ahí enfrente? Esa narración es un aporte de Novo. Tiene, también, un gusto por lo popular, que igual se puede emparentar. Ama los centros nocturnos, ama la lucha libre. Antes que Monsiváis. Monsiváis toma estos sitios que señaló Novo y lleva su análisis de la ciudad a otro nivel, al nivel de los estudios culturales. Podría decirse que Monsiváis, después de Novo, es el segundo gran inventor de la Ciudad de México. Son los inventores de la ciudad: nos contaron cómo es la ciudad, y nosotros nos la creímos”.

Novo vuelve públicos esos bajos fondos mientras que en los muros de la ciudad apenas incipiente se narraba la épica revolucionaria. “Había un proyecto ideológico que puso en marcha un concepto sobre lo que tenía que ser un espacio público. Ese proyecto dijo mucho cuando Novo aparece en uno de los murales de Diego Rivera, en la Secretaría de Educación Pública, en cuatro patas y con orejas de burro. Ante Novo, estaba esta ciudad posrevolucionaria, modernizadora. Le tocó ver su expansión. No podría decir si Novo lamenta lo que pasa con la ciudad, conforme va modernizándose. En estas épocas, Novo la revisa a través de su pasado. Es alguien que la traza de la modernidad hacia la ruina arqueológica. Tal vez el amor de Novo hacia la ciudad vaya al revés: de la modernidad hacia el pasado prehispánico. Ese también fue su camino estético. Su escritura comienza muy moderna, muy de vanguardia. Es interesante que, antes de que el mundo se peleara con todo el mundo (como siempre sucede con el mundo de la cultura), Novo colaborara en la revista de los estridentistas, con Actual. Novo tuvo poemas en esa publicación, mismos que los estridentistas luego desearían haber borrado, aunque luego ellos mismos tuvieron la ingenuidad en plantear como proyecto de ciudad a Xalapa. En ese momento, Novo estaba fascinado por la idea de un proyecto moderno, aunque después sus intereses se vuelven más conservadores, en parte por sus peleas con quienes abanderaban la modernidad. Estos proyectos modernizadores tienen detrás machismos, hipocresías y dobles discursos, y eso provocó que Novo se replegara y que su camino fuera de la utopía a la nostalgia”.

 

Aunque Novo, además de ser caricaturizado por Diego Rivera, también sufrió un vilipendio público después de sus desafortunadísimas declaraciones sobre la matanza del 2 de octubre. Los estudiantes escribieron grafitis en su casa en los que se leía Popular entre la tropa (es leyenda que Novo, antes de que existiera el cruising, rondaba las cercanías del Colegio Militar). Como señala Fabre, “parece que todo sucede en las paredes”. “Novo es muy público. Incluso, su idea de ser una prostituta literaria, tiene que ver con su idea de persona pública: una callejera. Hay algo de él que siempre está pasando hacia fuera. Hay una anécdota muy divertida. Llega a los baños del INBA y encuentra un grafiti que decía Salvador Novo es puto. En vez de borrarlo, empieza a poner nombres de otras personas, mucho más importante que él, y que también eran putos. El gesto de alguien más conservador, o menos público, hubiera sido intentar borrar el grafiti, la escritura del baño público. Pero él colabora con esa escritura, así sea para que la quiten más rápido, porque si pones que el ministro tal es puto seguramente la borran mucho más rápido. Además, él es muy icónico. Es alguien a quien le gustaba ser reconocido en la calle. Incluso, él se convirtió en calle. Era una costumbre que los cronistas de la ciudad tuvieran su calle, pero en el caso de Novo es muy congruente con quién es su personaje. Si alguien merece tener una calle es ese callejero. Los grafitis en su casa, estar en los murales, el cuadro de Manuel Rodríguez Lozano que lo retrata atravesando la ciudad sobre un taxi, construyen a Novo como calle. De hecho, en su juventud, tiene el apodo de una calle. A él y a Villaurrutia les llaman las chicas de Donceles. De joven, tuvo el nombre de una calle, y ya de viejo él acaba poniendo su nombre a una calle. Ahí se puede sintetizar una trayectoria muy importante para la Ciudad de México, y sobre la relación entre Novo y la Ciudad de México”.Esta relación entre Novo y lo urbano queda muy alejada de la tradición europea del flâneur. “Creo que Novo vivía la Ciudad de México, no la estetizaba. Era un ciudadano. La recorría porque tenía que moverse, tenía que visitar a no sé quién, tenía que ir a tal lugar. Eso es distinto a la persona que lo hace como una cosa estética. En Novo no estaba esa idea un tanto preciosista de la ciudad. Lo interesante de Novo es que ama la ciudad en su oscuridad. No tenía una postura nada contemplativa. Era alguien que la recorría con utilitarismo gozoso, no como un performance. Novo marca muy bien la diferencia entre quien hace un grafiti y hace un mural. Novo está más cercano a los grafiteros que a los muralistas. Son dos motivos muy diferentes por los cuales pintar una pared”. Además, su persona pública tocaba lo que le rodeaba. “Novo ponía en marcha esa otra manera de sociabilidad que era el chisme. Era una persona pública, y absolutamente todo lo contaba. En sus crónicas, en sus columnas, sabes con quién cenaba porque incluso sus espacios cerrados eran parte de su hit, ya que hacía crónicas de la alta sociedad para gente que no tenía acceso. Exhibía, de una manera bastante snob, su mundo elevado. Era abrir la ventana, abrir la puerta. Una cosa de escaparatismo. Hay ese poema precioso que se titula ‘Epifania’ que trata de una sirvienta que de repente ya no está en la casa. El niño de la casa especula que se escapó con el novio. Un día reaparece la sirvienta, y el niño le pregunta dónde estaba. Epifania se ríe, abre la puerta y la calle entra en el jardín. Esa irrupción del afuera en el adentro, esa puerta que se abre y que la calle entre en el espacio de la exquisitez, es Novo y sus columnas sobre la alta sociedad”.

La ciudad y sus políticas han cambiado mucho desde que Novo la recorriera y la narrara. Por consecuencia, la faz de la vida nocturna ya no es la misma.  “Hay un ensayo increíble de Monsiváis que se llama ‘La nueva noche popular”. Habla de un momento distinto para la vida nocturna de la Ciudad de México en los noventa. Es un momento distinto, porque se comienza a retomar la ciudad postemblor. La Ciudad de México se vive de manera muy distinta años después del temblor. En ese ensayo, Monsiváis empieza a hablar de los primeros table dance, de una ciudad con menos oferta pero con ofertas más extremas. Ahora creo que hay más ofertas pero menos extremas. De alguna manera, la vida nocturna se ha hipsterizado bastante. Por supuesto, siguen existiendo espacios extrañísimos, bastante alejados de la estetización. Y también, actualmente, el enemigo de la vida nocturna son las inmobiliarias, no la moral. Creo que eso es lo que estamos padeciendo. Si de pronto quieren cerrar los antros de República de Cuba, es para gentrificar esa calle. Ya no tiene que ver tanto con ese carácter puritano, sino con el saqueo de la ciudad. Eso, y los ligues cibernéticos, han también reinventado la vida nocturna. Esas aplicaciones que te van diciendo a cuántos metros está alguien. Lo que era más interesante de la vida nocturna gay, y que Novo la relató muy bien, era que de dónde provienes, vale madres. Coincides en el bar, ligas, no importa si eres de Chalco, del Centro o de Las Lomas. La cosa que veo con las aplicaciones es que acabas sólo ligando con el vecino. Y ese vecino te va a aparecer siempre, hasta que se muda alguien a tu barrio. Se están perdiendo los espacios de mezcla social, algo que hacía muy interesante la vida gay. De nuevo, hay bastiones que resisten, como El Oasis, lugares que han tenido que luchar contra el gobierno, bastante obcecado en convertir al Centro en lo que nunca va a poder ser, esa Plaza Antara que desea el señor Slim. El Centro siempre será un lugar de mezcla”.

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