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Políticas del arquitecto

Políticas del arquitecto

7 febrero, 2017
por Alejandro Hernández Gálvez | Twitter: otrootroblog | Instagram: otrootroblog

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“Todo espacio es público. El único espacio privado que puedes imaginar es la mente humana.” Eso, según escribió en The Guardian Oliver Wainwright, lo dijo Paulo Mendes da Rocha, el arquitecto brasileño nacido en 1928 y que el pasado miércoles 1 de febrero recibió la Medalla de Oro del Instituto Real de Arquitectos Británicos, RIBA, por su trayectoria larga ya de 60 años. Un día antes de la premiación, el Architects’ Journal publicó una entrevista que le hizo Hattie Hartman. La primera pregunta fue cómo debían reaccionar los arquitectos ante Trump. En 1968 la dictadura militar brasileña le prohibió ejercer y enseñar arquitectura a Mendes da Rocha debido a sus ideas políticas. Eso es en parte la razón, explica Wainwright, por la que Mendes da Rocha, quien entre muchos otros premios ganó el premio Pritzker en el 2006, tiene una pequeña oficina donde el es casi el único empleado y trabaja colaborando con otras pequeñas oficinas, muchas veces de antiguos alumnos. “No tengo ningún deseo de llevar un negocio. Hay mucha administración en el mundo hoy y estoy feliz de que mis colegas quieran hacerlo. No tener una oficina propia me da la mayor libertad: ¡no hacer nada si no quiero!”, dice Mendes da rocha, según reporta Wainwright.

A la pregunta de Hartman —qué hacer ante Trump—, Mendes da Rocha respondió contundente: “el bloque del terror no es sólo un problema de arquitectos, es un problema para todos.” Sin embargo, Mendes da Rocha afirma que los arquitectos, “tienen, por su trabajo, una experiencia particular y tal vez pueden ejercer mayor influencia. Tenemos ante la tormenta mayor comprensión y debemos manifestar nuestra condición política alzando nuestras voces. Debemos hablar.” De alguna manera con esto Mendes da Rocha contradice o, más bien, plantea una excepción a su idea de que el único espacio privado que puedes imaginar es la mente humana. Ni siquiera. Hay ocasiones en las que lo que pensamos, como arquitectos pero antes como personas y como ciudadanos, debe manifestarse y hacerse público. Es un asunto eminentemente político.

Pero tomar posición, para Mendes da Rocha, no implica sólo expresar disgusto o preocupación ante un caso extremo como puede ser el de Trump en los Estados Unidos. “Convoco a mis amigos y colegas a la acción política en todas las maneras que puedan. Piensen en el sector público, entre gobiernos y municipios, y la gran cantidad de arquitectos que ahí trabajan, de la salud pública al transporte, del diseño urbano al paisaje, la planificación y la regulación, etc. Piensen en la capacidad de acción política específica del arquitecto como quien tiene una experiencia particular en la construcción general del cobijo en el hábitat humano.” La acción política y la posición particular de los arquitectos ante ciertas condiciones tienen, agrega Mendes da Rocha, “un impacto capaz de revertir condiciones terribles que no son inexorables: siempre podemos mejorar las cosas, de hecho eso es lo que nos motiva.”

Sí, por supuesto hay que tomar posición frente al gran tirano y rechazarlo, resistir sus amenazas y oponerse a sus excesos. Pero también podemos tomar posición ante los pequeños tiranos, ante las acciones y las decisiones cotidianas del corrupto y de un sistema que a veces funciona mal y con el que podemos ser complacientes, cuando no cómplices. Tratándose de obra pública, no basta con el intento, incluso logrado, de hacer bien las cosas, si ese hacer bien se limita al diseño y la construcción. Evitar y denunciar la falsa licitación que deriva en arreglos poco transparentes, rechazar y denunciar el proyecto absurdo o innecesario o el que es claramente más negocio de pocos cuando debiera ser de beneficio común. Incluso, acaso, rechazar la obra privada donde cabe la sospecha de que algo no cuadra: permisos obtenidos ilegalmente, reglamentos y leyes ignoradas y hasta el caso en que el encargo rebase indudablemente las posibilidades de cierto cliente —el gobernante que encarga una casa, digamos, cuyo costo rebasa varias veces los ingresos que sabemos pudo obtener en varios, muchos años. Cada una de esas decisiones es, sin duda, también una decisión política, donde el único espacio privado, íntimo, de nuestra mente y nuestras ideas se hace público. Y entonces, como afirma Mendes da Rocha, “a veces será necesario que nosotros mismos asumamos la posición del enemigo,” y resistamos.

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