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Columnas

Política de vivienda

Política de vivienda

9 mayo, 2013
por Carlos Zedillo Velasco

Según Louis I. Kahn, la habitación es el principio de toda arquitectura. La vivienda es el refugio y rincón del hombre en el mundo, es el centro de convivencia e integración de las personas. Actualmente, la vivienda ocupa entre 40 y 50% de la superficie urbana, además de ser un sector estratégico de crecimiento económico. En nuestro país, significa más del 3.5% del Producto Interno Bruto y genera empleo directo a más de 7 millones de personas. En México, las ciudades se han expandido bajo un modelo de crecimiento urbano extensivo de baja densidad, con viviendas cada vez más alejadas de infraestructuras y servicios. Esto ha favorecido el uso de áreas de conservación en la periferia. Es cierto que, gracias a esto, se ha combatido el rezago habitacional que sufre el país, sin embargo, a costa del precio de urbanización y del transporte, el consumo de combustibles y la producción de emisiones contaminantes. Este modelo ha generado retos significativos en materia de desarrollo urbano. Hoy en día, muchas de las viviendas en zonas interurbanas presentan signos de abandono o deterioro, lo cual propicia la subutilización de la infraestructura existente y desaprovecha las mejores ubicaciones dentro de la ciudad, provocando una importante desvalorización del suelo.

En la ciudad de México existen 2.5 millones de viviendas repartidas en 7.233 Unidades Habitacionales que albergan 582,190 viviendas. La problemática actual de la vivienda en México está caracterizada por el deterioro físico y social. Cerca del 80% de las unidades se construyeron a partir de 1980, y el 20% restante se construyó entre 1940 y 1979. Los conjuntos habitacionales también presentan alteraciones en el uso de suelo, invasión, falta de organización vecinal e inexistencia de cuotas de mantenimiento. Si consideramos que una vivienda es sustentable porque es detonador de una vida comunitaria, entonces, la mejora o ampliación debe entenderse como un proceso que permite la permanencia y el crecimiento del valor patrimonial en el tiempo; y que promueve el uso racional y eficiente de los recursos naturales. Recientemente se lanzó la nueva Política de Vivienda, cuyo objetivo primordial es instrumentar estrategias y acciones para la densificación y para un desarrollo que privilegie el bienestar general. Esta nueva política engloba cuatro grandes acciones: mejor coordinación interinstitucional encabezados por la recién creada Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU); generar un modelo de desarrollo sustentable e inteligente; reducir el rezago de vivienda y, finalmente, procurar vivienda digna para los habitantes.

Como respuesta a esta nueva iniciativa, los empresarios constructores, así como todas las instancias de gobierno y empresas de financiamiento, buscan que el sector vivienda siga siendo un motor de la economía. Con estas acciones se pretende alcanzar mejor calidad y mejores respuestas: soluciones de vivienda vertical acorde a la problemática nacional, aprovechando el suelo, las infraestructuras y los servicios, o los nuevos esquemas de renta. Este nuevo planteamiento ha generado incertidumbre en el sector vivienda, en el que observamos de manera visible la caída de las acciones en la Bolsa Mexicana de Valores. Sin embargo, ha llegado el momento de tomar las decisiones que afectan directamente al futuro de nuestras ciudades. El suelo es un bien escaso y se han comprado terrenos no adecuados en las afueras de las ciudades, en zonas sin infraestructuras ni servicios donde la construcción de vivienda deberá ser controlada. Los próximos años se avecinan con grandes cambios: una vivienda social con mayores opciones de financiación, con una revisión a los requisitos de otorgamiento de créditos, esquemas de renta o que acerquen una solución de vivienda a trabajadores formales que no cotizan en el Seguro Social. Es mandato constitucional proporcionar habitación a los trabajadores de México. Con este cambio en la política de vivienda, México demuestra su gran capacidad de trabajar con el sector y la ambición de elevar la calidad de vida y vivienda de los trabajadores.

Al repensar en los modelos de habitación, siempre es bueno recordar al teórico francés Jean Nicolas Louis Durand (1760-1834) y dejarnos guiar por la lógica y sensatez de las nuevas políticas: “la capacidad del arquitecto estriba en su capacidad para resolver dos problemas: primero, dada una suma, producir el edificio más decente posible, como en la edificación privada. Y segundo, por el decoro requerido por un edificio, producir el edificio al menor coste posible, como en la edificación pública”.

* Subdirector general de Sustentabilidad Social del Infonavit

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