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Planear con arte a escala

Planear con arte a escala

18 abril, 2013
por Juan José Kochen | Twitter: kochenjj

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Al igual que un análisis sobre las arquitecturas modernas y sus exponentes más relevantes, la silueta de las ciudades marca las pautas para futuras intervenciones urbanas desde el arte. La historia de la edificación urbana se ha esbozado a partir de la condición morfológica de sus construcciones; el ritmo al que crecían las poblaciones y las cambiantes condiciones de vida reflejadas en los espacios construidos. El entramado de las calles, estableciendo jerarquías y distancias al relacionar edificaciones y lugares, constituye uno de los signos más complejos y sintéticos de la identidad de una ciudad. En 1889, con City Planning According to Artistic Principles, el historiador y crítico vienés Camillo Sitte (17 de abril 1843 – 16 de noviembre 1903) estableció las pautas para la cuestión urbanística desde principios artísticos.

A 170 años de su nacimiento, los componentes de la imagen urbana y sus elementos divergen en un panorama cambiante de los actores que intervienen en la ciudad. Para Sitte, la forma del entorno urbano y el orden social de la ciudad son inseparables pues se desarrollan a la par. Un principio arquitectónico y urbanístico que no fuera discordante en cuanto a toda clase de construcciones, sino que buscara un despliegue heterogéneo que propicie armonía para la ciudad. Sobre este crecimiento y declinación de las ciudades –citado por el finlandés Eliel Saarinen en muchos de sus ensayos– Sitte realizó investigaciones a partir de la forma y escala urbana, y a la vez sentó las bases  sobre la edificación conforme a principios artísticos, principalmente en las ciudades europeas medievales.

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En sus textos y estudios destaca una visión de ciudad futura con el fin de ajustar tanto la forma como el ritmo a las demandas contemporáneas bajo un orden orgánico en la ciudad. De esta forma, puso en debate la organización del espacio, tanto la planificación de edificios como de ciudades; una concepción amplia de la arquitectura que abarca otros campos de estudio donde el edificio es parte de una calle, la calle parte del esquema vial y éste último parte de toda una ciudad. A partir de estas condiciones sobre la forma, se puede pensar en un nuevo orden morfológico bajo la misma postura de Sitte y referida por Saarinen: “toda investigación en materia de edificación urbana debe ser fundamentalmente una investigación de normas arquitectónicas”.  Así podemos decir que las unidades de correlación y coherencia para la construcción del perfil urbano deberían ser la esencia de la edificación. Cada vez es más difícil que así se entienda ante El triunfo de la ciudades, y es que Sitte entendió a la ciudad como un artefacto histórico que evoluciona por las oscilaciones del tiempo, conformada por amalgamas de edificios y personas que definen la forma urbana.

Puesto en práctica, Sitte viajó a distintas ciudades europeas para identificar los modos y formas de habitar desde el urbanismo. Hijo de padre y abuelo arquitecto, adoptó la arquitectura como parte de su proceso de ‘culturización’ para entender la urbe. En 1904 realizó varios proyectos educativos como centros de investigación como Camillo Sitte Lehranstalt y Camillo Sitte Gasse, además de la revista Städtebau. Plazas, centros cívicos, glorietas, grandes bulevares y modificaciones a vialidades en función del tráfico, fueron sus primeros estudios para una nueva aproximación al urbanismo europeo a partir de las ciudades medievales, y posteriormente referido a suburbios con base en métodos por medio de un sistema de retículas ortogonales, radiales y triangulares.

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A 170 años de Camillo Sitte, sobre todo, queda su preocupación por la escala y el desbordamiento de la ciudad contemporánea: “el enorme tamaño que el crecimiento de nuestras grandes ciudades está abarcando ha roto el marco de las formas artísticas tradicionales en cada punto. Cuanto mayor sea la ciudad, más grande y más amplias sus plazas y calles, y cuanto mayores y más voluminosas sean todas las estructuras, hasta sus dimensiones, con sus numerosas plantas e hileras interminables de ventanas, se vuelve más difícil organizarla como una eficaz forma artística. Todo tiende hacia lo inmenso, y la constante repetición de motivos idénticos es suficiente para suprimir los sentidos hasta el punto de que sólo los efectos más poderosos todavía pueden hacer alguna impresión. Como esto no puede ser alterado, el urbanista debe, al igual que el arquitecto, inventar una escala adecuada para la ciudad moderna de millones…”

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