Asiste a las conferencias de MEXTRÓPOLI 2026

Columnas

Pensar en conservar la obra tapatía de Luis Barragán

Pensar en conservar la obra tapatía de Luis Barragán

20 agosto, 2026
por David Lozano Díaz

Casa ITESO Clavigero

Recién en julio de este año se están celebrando los primeros 10 años en que 17 obras construidas por Le Corbusier fueron incluidas como Patrimonio Mundial por la UNESCO. El esfuerzo de haber inscrito esta cantidad de obras se justifica al considerar la relevancia e influencia que este arquitecto tuvo para la configuración de la idea de modernidad en la arquitectura y urbanismo durante el siglo XX e incluso de la actualidad. 

Mientras tanto en México, nos preguntamos si existe algún autor cuyo legado arquitectónico tuviera el potencial de ser valorado de la misma manera, el primer nombre que muchos podríamos estar de acuerdo sería el de Luis Barragán. No es para menos, pues este arquitecto tapatío se volvió en el paradigma sobre la idea de lo mexicano en la arquitectura moderna y contemporánea de nuestro país, imagen que se ha construido a pesar suyo después de recibir el Premio Pritzker en 1980, provocando que jóvenes arquitectos mexicanos de esa época replicaran su obra, muchas veces de manera superficial.

Y es que ese ha sido uno de los problemas más constantes a la hora de abordar la obra de Barragán, que se le ve superficialmente, provocando que en lo general el valor cultural de su obra no sea realmente apreciado. Se aprecian sus colores, sus volumetrías, sus luces y sombras por la mera estética que estos enmarcan, sin pensar en el trasfondo que hay detrás de estos, en el cómo fue que se tomaron las decisiones para llegar a ese punto, pero, sobre todo, qué proceso de maduración profesional tuvo que afrontar a lo largo de su vida para siquiera considerar hacer lo que hizo cuando no había nadie más haciéndolo.

La obra de Barragán logró una particular conciliación entre arquitectura tradicional mexicana y la arquitectura moderna, de la que coincidentemente hubo influencia de Le Corbusier. Mientras la arquitectura mexicana era rústica, ornamentada, colorida, de luz moderada, de grandes espacios (a veces sobrados), la arquitectura moderna buscaba aprovechar la industrialización del mundo occidental para alcanzar un refinamiento en materiales, texturas, eliminación de ornamentación, higienización, compactación de los espacios y dotar de bastante iluminación.

Tras conseguir el reconocimiento a nivel internacional y curiosamente después a nivel nacional, algunas de sus obras lograron ser conservadas en buenas condiciones por sus propietarios como la Casa Gilardi, Casa Prieto López, Casa Egerström, Casa Gálvez, Convento de las Capuchinas Sacramentarias, Casa Ortega, y por supuesto, la Casa Barragán. De estas, solo la última conseguido protecciones culturales como el de Patrimonio Artístico de la Nación en 1988, máximo nivel de conservación que se puede adquirir en México, para luego también ser inscrita el 2004 por la UNESCO como Patrimonio Mundial.

En mayo de este 2026, en la Casa ITESO Clavigero (Casa González Luna), obra de Luis Barragán en Guadalajara, se realizó una charla en celebración de los poco más de 20 años en que esta obra también se inscribió como Patrimonio Artístico de la Nación. Entre otros temas, los ponentes expresaron la factibilidad de llegar a replicar la hazaña de gestionar y armar un expediente para inscribir más obras de este arquitecto dentro del listado Patrimonio Mundial como en el caso de Le Corbusier. Este proceso no solo implicaría el esfuerzo de gestores para llevar a cabo el trámite y lograr dicha inscripción; requeriría que las pretendidas construcciones con el potencial de ser añadidas se encuentren en un nivel de conservación impecable, lo que otorga a esta tarea un considerable grado de dificultad.

Tomando en cuenta solamente a la ciudad de Guadalajara, es difícil pensar en otro caso además de la ITESO Clavigero, como un candidato obvio e inmediato para ser ser añadido a este posible expediente. Su etapa en esta ciudad, lugar donde nació y realizó sus primeros ejercicios profesionales, resulta también crucial para comprender la evolución que Luis tuvo en un periodo de casi 10 años pasando de un lenguaje historicista a uno moderno antes de mudarse a la Ciudad de México y continuar con esta evolución hasta encontrar su propio lenguaje en 1947 con la construcción de su primera casa propia en Tacubaya.

Casa Franco

Las casas Franco, la casa Cristo y una de las casas Robles Castillo en la capital tapatía, son quizá las que más potencial tienen pues, aunque en décadas anteriores algunas han tenido diversos cambios o simplemente han pasado por deterioro, con relativa facilidad podrían mejorar su condición para aparecer en el listado. La otra casa Robles Castillo, la primera de las dos, necesita una intervención mayor, pues la planta baja ha sido gravemente modificada en diversas ocasiones con el paso de los años, deteriorando además la imagen urbana inmediata al parecer en temporadas como si se tratara de un lugar en abandono.

Acerca del Parque de la Revolución, la discusión podría girar en otro sentido, pues qué tanto del parque actual es parte del original, y qué tanto la representación de una proyecto es válida para ser incluida dentro del listado, pues este caso del barco de Tesseo, ya ha pasado por tantas reconstrucciones, modificaciones, y reinterpretaciones, que hoy en día con la última intervención que tuvo, quizá sería más preciso hablar de una reconstrucción, un revival de un parque de Luis Barragán.

Casa Cristo

Las tres casas ubicadas en la manzana junto a este parque también tienen posibilidades, ya que en lo general se mantienen íntegras, siendo cuestión de remover algunos añadidos y realizar algunas reparaciones para devolverles su imagen. Por otra parte, a pesar de haber sido excelentemente restaurada, la Casa-estudio Orozco, que está a unos metros de las anteriores mencionadas, tiene el inconveniente de no contar con la comprobación documental de que haya sido realizada por el tapatío, por lo que podría no poder llegar a ser incluida.

Mientras tanto, el caso más preocupante es el de las casas Robles León, ubicadas sobre Av. de la Paz esquina con la calle Colonias, en la Colonia Americana. Como otros casos, con el paso de los años ha sufrido diversos cambios que las han ido desfigurando: primero, parte de su jardín frontal fue mutilado hace décadas por la ampliación de la Av. de la Paz, llevándose con ella escalinatas y una fuente central.

Casa Robles León

Casa Robles León

Posteriormente las casas fueron utilizadas de modos distintos. La ubicada en la esquina, años atrás pasó a convertirse en hotel, modificando en cierta medida sus interiores. Aunque mantuvo su enjarre original, experimental y que asemejaba las texturas de las fachadas de algunas construcciones al norte de África, no se le daba correcto mantenimiento, provocando su pérdida en ciertas zonas. La otra casa fue recubierta con piedra de cantera amarilla, sus interiores fueron modificados, y un conjunto de ventanas de arco de medio punto fueron convertidas en una única ventana rectangular.

A inicios de este año estas casas han pasado por un proceso de intervención donde se ha dicho que se quiere “recuperar” las casas para convertirlas en un centro cultural y galería. Aunque el nuevo uso pueda sonar interesante, con el pasar de los meses, las intervenciones arquitectónicas han sido de dudosa ejecución, incluso alejándose del proyecto original de restauración llevando a la clausura de la obra en dos ocasiones, manteniéndose así actualmente, aunque en ocasiones se pueden ver trabajadores dentro.

Casa Robles Castillo

Los enjarres originales fueron removidos en su totalidad en una de las casas; se colocaron columnas de concreto pretendiendo reforzar los muros de adobe cuando son materiales incompatibles; la piedra que recubre algunos de los muros, no será removida y solo será enjarrada, haciendo una simulación que ahogará el adobe en su interior, lo que posteriormente provocará problemas en su integridad. También por la demolición de algunos muros internos, se ha producido riesgo de colapso.

La poca voluntad en mantener la mayor originalidad posible de un par de obras de este arquitecto, y modificando su integridad constructiva y estética para una actualización más acorde a los espacios “minimalistas” que el mercado del arte exige para la exhibición de piezas, nos sigue hablando del poco interés y comprensión de la valía del que sería el arquitecto más importante de nuestro país a más de 30 años de haber fallecido.

Si realmente la obra de Luis Barragán es tan importante como solemos decir y pensar, la conservación de su legado debería ser un ejemplo de buenas prácticas tanto de los propietarios como de las instituciones y autoridades que pretenden su protección. Aun si no se estuviera elaborando un expediente para intentar inscribir estas obras como Patrimonio Mundial, deberían hacerse todos los esfuerzos para que sea protegida como bienes culturales donde se simplifiquen trámites, se den estímulos reales a los propietarios, pero que también estén claras las obligaciones para su cuidado.

Pero si como en el caso antes contado, las obras de este autor no pueden ser conservadas apropiadamente, qué se puede esperar de otros casos también valiosos, pero menos reconocidos.

Artículos del mismo autor

PRODUCTOS RELACIONADOS