A través de una pasarela elevada y paralela al cauce del río, se articulan tres módulos de madera, utilizando el vacío como estrategia a la privacidad, los módulos laterales se voltean del módulo central, generando un espacio de intimidad requerida, que a su vez provoca relaciones y vivencias directas hacia el entorno natural, sin perder relación entre sus habitantes al interior.
El primero modulo con 58 m², alberga la zona social: sala, comedor, cocina y baño social. Los siguientes dos módulos, de 28 m² cada uno, emplazan las áreas de las habitaciones. Con las cubiertas a una sola caída, el proyecto busca abrirse hacia el río, mientras que en la parte posterior se estrecha manteniendo un control a la privacidad en sus zonas húmedas, sin dejar de conectar con el contexto nativo. Aguas residuales son tratadas a través de un reactor biológico, ciclo que desemboca en un campo de infiltración, protegiendo las fuentes hídricas.