Convento vertical, unas residencias para una comunidad de hermanas religiosas y mujeres vulnerables sobre un pedestal de dos niveles de instalaciones públicas. Durante la colonia española, los conventos femeninos eran considerados un signo de la opulencia de la ciudad y prueba de la calidad de sus vecinos.
Los conventos eran ciudades dentro de las ciudades que permitían a las monjas vivir una vida mixta entre la contemplación y el apostolado activo (caridad y enseñanza). Disponían de alguna iglesia o capilla, refectorios o comedores, sala capitular, celdas o pequeñas habitaciones privadas para sus habitantes, espacios apartados al aire libre como claustros, además de cocinas, almacenes y huertas. Aunque actualmente hay menos de una docena de conventos femeninos en Lima y la población de monjas ha disminuido considerablemente, todavía desempeñan un papel contemplativo y apostólico.
La Congregación de Religiosas de María Inmaculada -fundada en Madrid por Santa Vicenta María López Vicuña en 1876- nos encargó diseñar su nuevo local donde, además de ser residencia de la comunidad religiosa, también debía servir para su intenso trabajo, acogiendo y formando a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Dada la condición contemporánea de terreno reducido, el nuevo convento se eleva verticalmente: un basamento público de dos niveles que contiene la capilla, los talleres de formación y el auditorio. Un nivel intermedio privado con refectorios y salas de reuniones. Tres niveles con residencias para señoritas y la comunidad de religiosas. Una azotea con lavadería, huerto y zonas de recreo.