El pabellón tenía necesidades tanto utilitarias como contextuales: un recorrido dinámico por El Sitio, proyecciones y conversaciones; que exigían confort térmico en el cálido clima del verano de Mexicali. Recurriendo al libro de Alexander, Un Lenguaje de Patrones (1977), se observó que tanto las fuerzas programáticas como contextuales podían traducirse a patrones. Se eligieron los patrones, o “situaciones de estar”, que el pabellón facilitaría: “Dormir al raso”, “Espacio exterior positivo”, “Soportales”, “Lugares árbol”, “Banco de jardín”, “Banco corrido”, “Toldos”. Con estos patrones espaciales y de comportamiento en mente, se proyecta un pabellón que sirve a diversas situaciones de estar que podrían tener lugar en el patio de El Sitio: sentarse, recostarse, observar, sentir la brisa, asombrarse, compartir, escuchar, realmente escuchar, bailar, soñar despierto, dormir, comer, etc.