El pabellón diseñado por estudiantes de la Universidad Anáhuac partió de la lógica de las superficies regladas —como los hiperparaboloides empleados por Félix Candela— para reinterpretarlas a una escala humana, lúdica y accesible. La estructura estuvo conformada por marcos y tubos metálicos articulados mediante nodos de acero, lo que permitió un ensamble preciso y desmontable.
A lo largo de la pieza se integraron argollas tipo gancho que sirvieron como anclaje para cuerdas de PVC, del mismo tipo utilizado en la silla Acapulco. Estas cuerdas, tensadas manualmente, generaron superficies curvas a partir de líneas rectas, haciendo visible la lógica geométrica mediante una operación constructiva sencilla y directa. Su carácter experimental permitió a los estudiantes explorar la relación entre forma, estructura y materialidad, demostrando cómo principios constructivos históricos pueden reactivarse hoy de manera fresca y significativa.
El sistema combinó materiales cotidianos dando como resultado un pabellón ligero, permeable y vibrante. La tensión, el color y la transparencia transformaron la percepción del espacio: la experiencia variaba en función de la perspectiva del visitante, revelando patrones, densidades y ritmos distintos a cada paso.
COORDINACIÓN Anna Adrià Reventós y Josué Daniel Marín