La propuesta formal y conceptual de esta pieza están definidas por la coincidencia con la entrada del equinoccio de otoño, el domingo 22 de septiembre de 2024, fecha en la que la pieza formaba parte del paisaje del Centro Histórico de la Ciudad de México. La energía y simbolismo de este evento astronómico reflejan la igualdad del día y la noche, del interior y del exterior, del balance de los polos opuestos creando un todo, creando un infinito materializado por un ocho o cinta de moebius y 55 círculos adheridos sobre el suelo que representan el camino blanco infinito de la toltequidad teotihuacana: el camino del conocimiento, las artes, la realización y la plenitud del Ser. El camino de la reparación y la reconciliación.