En el interior de Sizhoutou, una localidad rodeada por suaves colinas y conocida por su cercanía al paisaje costero, se encuentra Dun’ao Village (墩岙村). El carácter del lugar está inscrito incluso en su nombre: el término chino 岙 (ào) alude a un pequeño valle resguardado por montañas. Fue precisamente esta condición de recogimiento, calma y equilibrio rural la que detonó el proyecto Down in the Clouds, una intervención que busca renovar el campo sin imponerle un lenguaje arquitectónico ajeno.
Desde su concepción, Practice on Earth + Increments Studio decidió apartarse de los marcos tradicionales del diseño arquitectónico. En lugar de planos cerrados o gestos formales rígidos, el proyecto se originó a partir de poemas breves e ilustraciones, como una forma abstracta y reducida de pensar el espacio. Este enfoque permitió replantear la relación entre el cuerpo y la naturaleza desde una clave lúdica, ligera y abierta a la sorpresa.
Las nuevas estructuras se emplazan en sustitución de elementos abandonados —antiguos anuncios, edificaciones técnicas y bodegas— dispersos en los campos de cultivo. Frente a las limitaciones de tiempo y presupuesto, el estudio optó por un sistema híbrido de contenedores de acero e inflables, elegidos por su rapidez de montaje, flexibilidad y potencial experimental. Lejos de ocultar su carácter industrial o efímero, el proyecto explora cómo estos elementos, en apariencia dispares, pueden articular experiencias espaciales singulares y accesibles.
Ubicado en el acceso principal a los campos, donde antes existía una construcción en desuso, el Cloud Café funciona como un nuevo hito territorial. La “nube” inflable no solo posee una fuerte carga icónica y pública, sino que genera un amplio espacio cubierto en voladizo que protege del sol y la lluvia sin interferir con la actividad agrícola.
El contenedor, adaptado a partir de componentes estandarizados, aloja una compacta estación de café dentro de una torre de 3×3×8 metros. Sobre ella, una plataforma de observación —a la que solo se accede atravesando la nube— ofrece una vista privilegiada del paisaje de montañas y arrozales, reforzando la experiencia sensorial del lugar.
La segunda intervención reutiliza una estructura publicitaria existente para crear un pequeño cine climatizado. Para minimizar el impacto sobre el terreno, el contenedor se inclina 15 grados y se apoya únicamente en dos puntos, generando una gradería interior escalonada. Los soportes estructurales quedan envueltos en anillos inflables que ocultan instalaciones técnicas y producen una imagen inesperada: un volumen pesado parece descansar con naturalidad sobre formas suaves y ligeras.
Con poco más de 30 m², el espacio está completamente equipado para proyecciones. Paneles de lana de madera aportan acondicionamiento acústico, mientras que respaldos curvos diseñados ergonómicamente permiten al cuerpo recostarse, en sintonía con el espíritu relajado del proyecto.
Al pie de las colinas, una antigua edificación técnica se transforma en un espacio de lectura elevado sobre los campos. Aquí, el estudio ensaya una tercera relación entre contenedores e inflables: siete esferas blancas suspendidas dentro de una estructura metálica conforman un “muro” circular sin puertas. El acceso ocurre al separar físicamente los cuerpos inflables, provocando una experiencia táctil inesperada que cuestiona la solidez tradicional de la arquitectura.
El interior, semiabierto, contrapone materiales metálicos —techos de aluminio, escritorios de acero inoxidable y pisos reticulados— con la suavidad de las superficies inflables. La luz filtrada genera juegos de sombras que varían según la hora y la temperatura, intensificando la percepción sensorial del espacio.
Aunque los inflables suelen asociarse a instalaciones temporales, aquí se conciben como parte permanente de la arquitectura. Esto implicó un intenso proceso de investigación, prototipado y colaboración con fabricantes para resolver temas de durabilidad, mantenimiento y estabilidad estructural. Cada intervención utiliza un sistema de inflado distinto, ajustado a sus condiciones específicas. Desde modelos a escala hasta prototipos 1:1, el proceso funcionó como una serie de ensayos constructivos que facilitaron el montaje en sitio y el trabajo con mano de obra local.
Pequeño en escala pero ambicioso en intención, Down in the Clouds se inscribe como una práctica sensible dentro del turismo cultural y agrícola contemporáneo. Una arquitectura que no busca imponerse, sino acompañar el paisaje desde la ligereza, el juego y la experiencia compartida.