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The New York City Highline

The New York City Highline

1403 High Line At The Rail Yards   Photo By Iwan Baan

Proyecto arquitectónico James Corner de Field Operations y Diller Scofidio+Renfro
Fotografía: Iwan Baan
Lugar: Nueva York, Estados Unidos
Año: 2014

Publicado en Revista Arquine No.70 | Plaza, parque, mercado

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El New York City Highline es, sin duda, el nuevo proyecto de espacio público más importante y exitoso en la ciudad de los últimos años. Es el parque más visitado después del Parque Central, sin embargo, no es un parque en sí, lo que lo hace un proyecto fascinante.

Las vías del antiguo West Line Train que, luego de la crisis ferroviaria de los 60 y la económica de finales de los 70, cayeron en abandono para ser parcialmente habitadas por la vegetación y fauna autóctona del Nueva York de los 80 –desde plantas arbustivas a grafiteros o junkies– hasta que dos amigos que vivían en el área, Joshua David y Robert Hammond, iniciaron la campaña de Los amigos del High Line para recaudar fondos y reconvertir el espacio en un parque para la ciudad. Se les unieron poderosos actores como la diseñadora de moda Diane von Fustenberg y el magnate Michael Bloomberg y, rápidamente, el High Line fue una realidad que detonó un éxito inmobiliario y un proceso de gentrificación acelerado como nunca visto en Nueva York, ciudad que ha desarrollado en los últimos años un expertise en el arte de desalojar comunidades pobres para regenerar las áreas, multiplicar el valor de propiedad y atraer a las infames cadenas de café y otros servicios.

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Diseñado por James Corner de Field Operations y Diller Scofidio+Renfro, su concepto de intervención fue casi arqueológico, donde la vegetación –meticulosamente dispuesta para que pareciera que se ha tragado las líneas solo para dejar pequeños trechos para caminar– se combina con una serie de eventos arquitectónicos que lo conectan con la ciudad, configurando un museo al aire libre cuya obra expuesta es la ciudad. Suspendido por encima de la cota de la calle, el High Line expone al visitante a una línea visual que no tiene acceso. Un proyecto futurista de Antonio Sant’Elia o los Supersónicos, colocado en infraestructura construida en el siglo XIX.

¡ÉXITO!

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Desde que se inauguró la primera fase en junio del 2009, el High Line ha sido un éxito para la ciudad con 40 nuevos proyectos inmobiliarios aprobados desde su inauguración y el costo de propiedad y Air Rights cuadruplicados. A esto habría que sumar la apertura de 85 galerias de arte en Chelsea, nuevos proyectos con arquitectos de la talla de Frank Gehry, Jean Nouvel, Neil Denari o Norman Foster y la mudanza del Museo Whitney de Renzo Piano como punto de inicio del recorrido.

El pasado 21 de septiembre ed 2014 se inauguró la tercera y última fase y, cual película de Hollywood cuyas secuelas siempre son malas o están plagadas de polémica, el Highline Number 3 no es la excepción. Desde hace unos años la crítica se ha incrementado por el abuso de desarrolladores de bienes raíces por construir tan cerca como puedan del proyecto. Gracias a importantes activistas se logró modificar el código de construcción para limitar alturas y retiros, sin embargo, ya una gran cantidad proyectos fueron aprobados, arriesgando el High Line en convertirse en un cañón oscuro rodeado de “vitrinas millonarias”. Así mismo la fase tres se retrasó porque el Hudson Yards, el proyecto inmobiliario mas grande de los últimos 10 años de la ciudad, que pretende cubrir 4 manzanas completas con una serie de torres en el West Side, justo encima de las vías del tren de Penn station, presionó para que el Highline se extendiera y rodeara el nuevo complejo habitacional.

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El resultado: en vez de aquellas intervenciones bien pensadas y elaboradas y aquella escala íntima, la nueva fase es una ancha pasarela con algunos arbustos diseminados en los bordes y un exceso de mobiliario urbano. Aquellos elementos inspirados en motivos ferroviarios son ahora vías de tren pegadas al concreto -así literal- que, si no fuera por la maravillosa vista del Rio Hudson y New Jersey, lo catalogaría como un diseño de muchísimo menor calidad que las anteriores. La fase tres, o al menos la distancia de ésta, es producto de la presión inmobiliaria para tener su High Line como patio trasero y atraer aun más turistas para venderles los codiciados cafés de $ 6.76 USD, como si los nuevos 5,000 condominios de lujos no les fueran suficientes ganancias.

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