Proyecto publicado en la edición Arquine No. 116 | Canchas
El Centro Deportivo y Cultural El Mayab surge como parte del Programa de Mejoramiento Urbano (PMU), impulsado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, cuyo objetivo ha sido intervenir territorios con alta vulnerabilidad social mediante acciones puntuales de infraestructura pública. Bajo una lógica de acupuntura urbana, el programa ha buscado detonar nuevas dinámicas comunitarias en colonias marcadas por procesos de autoconstrucción, rezago urbano y condiciones de violencia. Ubicado en la colonia El Mayab, en la periferia de Tecate, el proyecto responde a una demanda específica: la necesidad de infraestructura adecuada para la práctica del fútbol americano, disciplina con fuerte arraigo local e históricamente limitada por la falta de equipamiento. El desarrollo del proyecto contó, además, con el acompañamiento y apoyo del Instituto de Planeación del Desarrollo Municipal de Tecate, cuya participación fue clave para articular esta intervención con una visión urbana más amplia.
Más allá de resolver un programa deportivo, el proyecto se plantea como un dispositivo híbrido capaz de articular la vida comunitaria. El conjunto funciona simultáneamente como estadio, espacio cultural y punto de encuentro cotidiano, ampliando su uso hacia actividades recreativas, familiares y colectivas. La intervención está conformada por una serie de cubiertas que proporcionan sombra y protección climática, y construyen una transición topográfica entre la cancha y el terreno posterior. Esta operación no sólo organiza el programa, se anticipa al crecimiento urbano futuro, reconfigurando la orientación del conjunto hacia nuevos desarrollos habitacionales en la zona.
El proyecto se materializa a partir de concreto aparente pigmentado, cuya tonalidad remite directamente a la tierra de Tecate, complementado con piedra extraída del sitio. Lejos de imponerse como un objeto autónomo, la arquitectura se integra al paisaje mediante una lectura atenta de la topografía existente. Las plataformas, terrazas y plazas reinterpretan lógicas de ocupación del territorio que remiten tanto a prácticas constructivas ancestrales como a formas de asentamiento vinculadas a los Kumiai, pueblo originario de esta región. Más que una traducción literal, estas referencias operan como una guía conceptual: entender el terreno no como soporte, sino como estructura activa del proyecto. Las ligeras inclinaciones de cubiertas y estructuras, así como los sistemas de escurrimiento pluvial, construyen un lenguaje que evita la rigidez de la geometría ortogonal, favoreciendo una relación más orgánica con el contexto. En este sentido, el proyecto se distancia de una modernidad abstracta para proponer una arquitectura que enmarca el paisaje, captura la luz y proyecta sombras como parte de la experiencia espacial.
Con el tiempo, la comunidad se ha apropiado del Centro El Mayab y se ha vuelto un lugar de encuentro y práctica dentro de su vida cotidiana. Su uso constante —tanto en fines de semana como en jornadas matutinas— evidencia este proceso de aceptación que trasciende el programa inicial. El acceso libre y la calidad de sus instalaciones han permitido democratizar el deporte y el espacio público, consolidando el proyecto como un lugar de pertenencia. Más que un equipamiento, se ha convertido en un escenario de memoria colectiva, donde el deporte, la convivencia y la cultura se entrelazan.
El proyecto se concibe como un homenaje tanto a la topografía como a la comunidad que lo habita. Un espacio pensado desde el territorio y sus historias, donde la arquitectura no sólo alberga actividades, sino que reconoce capas culturales preexistentes y las proyecta hacia nuevas formas de habitar lo público.