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Centro de Innovación Argos

Centro de Innovación Argos

El nuevo Centro Argos de Innovación del Cemento y el Concreto en el Campus Universitario de EAFIT de Medellín, Colombia, llegó como una nave para vararse en la orilla del río Medellín y convertirse en el nuevo ícono universitario. Su autor, el arquitecto Lorenzo Castro, recurre a la mitología griega para dar contenido y fusionar Argos –líder cementero regional– con el gigante de cien ojos y el constructor de la nave que sorteó los mares en busca del vellocino de oro. Aquí, el tesoro es la investigación de nuevos materiales, tras una gran vitrina que se muestra al Campus como un acicate creativo y se convierte en la nave insignia del nuevo Parque Tecnológico.

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Resultado de un concurso por invitación, el proyecto de Castro constituye la nueva fachada de campus sobre la triple línea que conforma Medellín –el río homónimo, el Metro y la Avenida Regional– y a su vez en el amortiguador de movimiento y ruido, para recrear otra atmósfera de menor escala en su interior.

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Básicamente, el proyecto se resuelve entre dos fachadas paralelas muy expresivas. La que se orienta hacia el interior del campus juega con el movimiento, inspirada en el trabajo del artista venezolano Carlos Cruz Diez y el op art, para explorar los efectos de la percepción a través del movimiento. La fachada incluye una serie de elementos prefabricados de concreto en forma de aletas que evocan los lomos de los libros en una biblioteca. El uso del color, en secuencia de rojos, se toma prestado de la obra del artista argentino Luís Tomasello, para modificar constantemente su percepción cinética desde el paseo peatonal por el campus. La otra fachada, que atenúa el impacto metropolitano sobre el centro universitario, es un muro de concreto con conos de distintas medidas que emergen perpendicularmente del plano vertical, semejante a las geometrías de Alexander Calder –que inspiraron al autor– a la arquitectura animal de John Hejduk y a la barba móvil del malvado pirata del Caribe, Davy Jones. Son tres modelos de conos que se cortan en cinco tamaños distintos y que a su vez –otra evocación- remite a los cientos de ojos de la cola del pavo real con que se representa al Argos mitológico, proyectando un rico escenario de sombras móviles sobre la tersa piel de concreto. Ambas fachadas absorben el calor y regulan la temperatura del edificio. Unas losas envueltas de vidrio liberan una circulación perimetral entre las fachadas y los laboratorios, abriéndose como balcones y terrazas en sus otras dos caras.

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La planta baja se disuelve con la topografía modificada del campus en un piso ondulante y continuo que atraviesa el edificio en todas direcciones y permite ver el funcionamiento de los laboratorios de su interior. El recorrido se inicia en un auditorio, que permanece abierto como atrio y sirve como acceso a la escalera balcón que recorre el edificio en el costado norte, protegiendo de la lluvia a las cajas vidriadas. Cuando se usa como auditorio, se cierra y da cabida a sesenta espectadores. La ruta ascendente por pasillos abiertos, balcones y escaleras perimetrales convierte este centro de investigación en un peregrinaje que culmina en el último piso -compartido con toda la universidad- como espacio de ocio, con las mejores vistas sobre la ciudad y las montañas que la bordean.

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Este Centro de Investigación no sólo representa la inclusión de arquitectura de calidad en un campus que se desparrama por los barrios residenciales adyacentes, sino la oportunidad única del arquitecto para expresarse formalmente sin contención. Sin duda, un experimento formal rico en matices y sabores que permite a la empresa cementera un derroche de recursos donde exhibir los potenciales del concreto.

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