Ubicada en São Paulo, a pocos pasos del Parque Ibirapuera, esta vivienda de 515 m² se desarrolla en cuatro niveles. El proyecto surge a partir de la necesidad de reorganizar los espacios para acompañar una nueva etapa familiar, priorizando áreas sociales generosas concebidas para el encuentro, el afecto y los momentos compartidos.
Desde la aproximación, la mirada se encuentra con una composición armónica de la fachada. Los materiales, aunque distintos en textura, dialogan dentro de una paleta común de tonos terrosos, generando una identidad serena, cohesionada y singular. La materialidad fue un eje central del diseño: se eligieron elementos naturales y atemporales para aportar ligereza y calidez a los espacios. Los marcos de madera en las ventanas, acompañados por jardineras, aparecen como gestos delicados que integran naturaleza y arquitectura, revelando desde el exterior la intención de una experiencia habitacional sensible, profundamente vinculada con su entorno y con el paso del tiempo.
La vegetación no se limita al jardín: asciende por la fachada, se filtra a través de las ventanas y se proyecta hacia el interior como un paisaje vivo que acompaña los dormitorios. Desde el primer contacto con la casa, se percibe una invitación sutil a detenerse y contemplar.
Al cruzar el umbral, la circulación fluye de manera natural: continua, intuitiva y sin fricciones. La reconfiguración espacial redefine la vida cotidiana, transformando áreas antes subutilizadas en escenarios activos para la convivencia familiar.