A finales de marzo, en la ladera de Pear Blossom Village, observábamos cómo el viento elevaba los pétalos de antiguos perales como una nevada: fresca y cautivadora. El Pabellón Feixue busca ser como esos pétalos: ligero, suspendido en el valle, un instante congelado en su caída.
La arquitectura se inspira en los cinco pétalos de la flor de pera. Cada uno se materializa como una losa independiente de concreto, superpuesta con alturas y voladizos desfasados que generan vacíos y disuelven la masa. De día, la luz se filtra entre las aperturas; de noche, se derrama hacia el exterior, delineando su silueta.
La casa original, incrustada en la montaña, define la adaptación del nuevo edificio a la pendiente, rodeado de vegetación. Un camino sinuoso conduce a una gran roca y a un antiguo peral —previo a la construcción—; solo al rodearlos se alcanza la entrada. Sus ramas se elevan al cielo y se reflejan con precisión en el estanque poco profundo de la cubierta.
La construcción combina precisión industrial y crudeza artesanal. Los muros del patio, cincelados a mano tras el fraguado, adquieren una textura rugosa, entre roca erosionada y corteza de peral, estableciendo un diálogo silencioso con el bosque.
La cubierta retoma las azoteas planas con almacenamiento de agua, integrando tejas verdes tradicionales. Sobre la losa impermeabilizada, una delgada lámina de agua refleja el valle —copas de perales, nubes, aves—. Las ondulaciones proyectan destellos de luz, y en temporada de lluvias, los rebosaderos generan pequeñas cascadas que evocan la niebla de la montaña.
Los cinco pétalos albergan funciones distintas. El primero contiene el vestíbulo, conectado visualmente mediante una abertura circular con el segundo. El tercero es un espacio de transición semiabierto, como un pabellón de jardín, para escuchar el viento y la lluvia. El cuarto y quinto reúnen áreas de estudio, actividad y descanso, con niveles desfasados que diluyen la doble altura. Todos rodean un atrio abierto al cielo, donde la luz se filtra y proyecta sombras suaves.
El Pabellón Feixue funciona como un teatro de la naturaleza, con seis espacios temáticos: “Despertar” (maleta de semillas), “Tejer lo verde” (venas de hojas), “Chirr” (concierto de insectos), “Lectura de grano” (vetas de madera), “Ascenso de piedra” (calcos) y “Forja” (objetos de madera). Aquí, los niños leen la corteza con las manos, transfieren la memoria de las piedras, escriben sobre hojas o tallan la montaña en semillas. La educación en la naturaleza no transmite conocimiento: deja que el viento pase las páginas de la curiosidad infantil.
El Pabellón Feixue es también un experimento de revitalización rural. A través de la educación en la naturaleza, busca reconectar a las familias urbanas con el entorno rural, permitiendo que los niños crezcan en el campo y que los habitantes del lugar encuentren nuevos roles. Desde su apertura, se ha convertido en un destino frecuente de fin de semana, atrayendo visitantes a Pear Blossom Village. No es un edificio aislado, sino un experimento social que convive con el pueblo y evoluciona con el territorio.
Al atardecer, el sol calienta los muros de concreto, y el viento atraviesa los intersticios entre columnas produciendo un sonido suave, como la respiración del bosque. El pabellón se posa en el valle como un árbol, una piedra, una flor más —como si hubiera emergido del bosque, del viento y de la lluvia de pétalos—. Nosotros simplemente pasamos por ahí… y le dimos forma.