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Columnas

Mujeres y cocinas

Mujeres y cocinas

24 julio, 2015
por Alejandro Hernández Gálvez | Twitter: otrootroblog | Instagram: otrootroblog

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Sábado 25 de julio de 1959. El titular de la primera plana del New York Times dice: “Nixon y Khrushchev discuten en público durante la inauguración de la exposición de los Estados Unidos; se acusan mutuamente de amenazas.” Abajo hay una fotografía en la que se ve al vicepresidente de los Estados Unidos y al premier de la Union Soviética recargados en una barandilla, Nixon de traje oscuro y Khrushchev con un traje de color claro. Los rodean, apretándose, varios hombres vestidos también de traje y corbata. Nixon ve hacia el frente; Khrushchev a su izquierda. El pie de foto dice: “El vicepresidente Richard M. Nixon describe la operación de una lavadora automática en la inauguración de la Feria de los Estados Unidos en Moscú al premier de la Unión Soviética Nikita S. Khrushchev. El señor Nixon actuó como anfitrión durante la visita a la feria.” La feria era la contrapartida a la que los soviéticos presentaron en Nueva York. El fotógrafo hizo la toma —y por tanto, nos coloca a nosotros como testigos y espectadores— desde adentro de la cocina que se exhibía. Ese diálogo entre Nixon y Khrushchev, que ocurrió el día anterior, 24 de julio, se conoce como the Kitchen Debate.

En las páginas interiores se lee la descripción de lo que discutieron mientras recorrían la exposición: economía, geopolítica, la libertad de las ideas, la investigación del espacio exterior y, por supuesto, la cocina. “Ustedes tenían una muy bonita casa en su exhibición en Nueva York —dice Nixon. Mi esposa la vio y la disfrutó mucho. Quiero mostrarle esta cocina. Es como las de nuestras casas en California.” La nota continúa:

Khrushchev (tras de que Nixon dirigió su atención hacia una lavadora integrada en la cocina y con controles al frente): “Tenemos cosas así.”

Nixon: “Es el modelo más nuevo. De este tipo se han construido miles de unidades para instalarlas directamente en las casas.”

Agregó que los americanos estaban interesados en hacer más fácil la vida de sus mujeres. El señor Khrushchev remarcó que en la Unión Soviética no tenían “la actitud capitalista hacia las mujeres.”

Nixon: “Creo que esa actitud hacia las mujeres es universal. Lo que queremos es hacer más fácil la vida de nuestras amas de casa.”

En la foto de la primera plana no se ve al fondo sólo una mujer presente mientras Nixon y Khrushchev discutían, rodeados de hombres, sobre las bondades y defectos del capitalismo y del comunismo y del interés de facilitarle la vida a nuestras mujeres. En su libro Homeward Bound, American Families in the Cold War Era, Elaine Tyler May comenta cómo la discusión sobre los dos sistemas políticos y económicos se centró finalmente en “los méritos relativos de las lavadoras, los televisores y los electrodomésticos americanos o soviéticos.” Y agrega que para Nixon “la superioridad americana descansaba en el ideal del hogar suburbano, incluyendo los electrodomésticos modernos y la clara distinción de roles para los miembros de la familia, proclamando que en el hogar «modelo» el hombre era el proveedor mientras que la mujer era un ama de casa de tiempo completo, adornada con un amplio conjunto de bienes de consumo que representaban la libertad americana.”

Por supuesto no era extraño que la cocina fuera el escenario de batallas prácticas e intelectuales al rededor de la modernización del espacio y del papel de la mujer dentro y fuera del mismo. A mediados del siglo XIX, Catherine Beecher —hermana mayor de Harriet Beecher Stowe, autora de La cabaña del tío Tom— había escrito, entre muchos otros libros, sus Principles of Domestic Science as applied to the Duties and Pleasures of Home donde, entre otras cosas, trataba sobre la mejor manera de organizar una cocina. En 1915 Mary Patterson publicó Principles of Domestic Engineering y Christine Frederick, editora de la revista Ladies’ Home, otro titulado Scientific Management in the Home. Frederick había montado en la cocina de su casa en Long Island un laboratorio —el Applecroft Home Experiment Station— para probar recetas rápidas, productos y utensilios domésticos. Buscaba que los trabajos de la casa se pudieran hacer de manera más eficiente, económica y sin la asistencia de sirvientes. En 1919 publicó otro libro titulado Household Engineering. En Europa, Grete Schütte-Lihotzky, la primera mujer en estudiar arquitectura en la Real e Imperial Escuela de Artes Aplicadas de Viena y, en 1926, la única trabajando en el Departamento de Vivienda de Frankfurt, dirigido por Ernst May, diseñó la famosa cocina de Frankfurt tras estudiar los utensilios, el mobiliario y los movimientos necesarios para lograr la máxima eficiencia al cocinar.

La modernidad hasta en la cocina no sólo implicaba distintas concepciones del espacio, la productividad y lo doméstico, sino sobre todo del papel que jugaban las mujeres y, por tanto, los hombres, dentro y fuera de la casa. Elaine Tyler May dice que si bien en el debate de la cocina entre Nixon y Khrushchev, éste entendía el papel de las mujeres como parte de la fuerza de trabajo, mientras que aquél las veía sólo como amas de casa, al final del día un acuerdo más profundo surgió entre los dos caballeros: volteando a ver a una mesera que les acercaba unas copas, Khrushchev dijo “brindemos por las damas,” a lo que Nixon respondió, “todos podemos brindar por las damas.” Por supuesto, agrega May, tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética las mujeres trabajaban tanto fuera como dentro de casa, pero eso poco tenía que ver con las ideologías de género, más fuertes quizá que las económicas, e inscritas hasta o, más bien, desde la cocina.

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