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Mies es más

Mies es más

27 marzo, 2026
por Ernesto Betancourt

Casa Core, Illinois (1952)

“No soy un reformador, no quiero cambiar el mundo, quiero expresarlo. Eso es todo lo que quiero.” (1)

Hace 140 años un 27 de Marzo como hoy, nació en 1886 en Aquisgrán (Aachen), la tierra de Carlomagno: Ludwig Michael Mies, posteriormente agregó el van der Rohe con el apellido de su madre, para convertirse en Mies van der Rohe como conocerá la historia a uno de los arquitectos más sobresalientes del siglo XX y de la historia.

Para ser alguien que no quería cambiar el mundo, lo cambió bastante, desde la década de los 60’s en las grandes ciudades del mundo aparecieron prismas verticales que recordaban en más o en menos los perfiles estriados y esbeltos de prismas “miesianos”, la mayoría sin la finura de los construidos por el arquitecto alemán.

Es probablemente el arquitecto más influyente de la segunda mitad del siglo XX, no necesariamente por sus ideas como el caso de Le Corbusier sino por sus modelos.

A diferencia de muchos arquitectos e ideólogos de las vanguardias del siglo XX, Mies no creía en la arquitectura como un instrumento de la utopía urbanística que se anunció, en la que la arquitectura cumplía un rol distintivo, para el alemán la arquitectura era en esencia construcción y la construcción es un oficio como tantos otros al servicio de los más variados intereses, su visión descalifica toda intencionalidad o instrumentalidad.

Mies lucho toda su vida por despojar a la arquitectura de lo que consideraba atributos accesorios, todo aquello que se ubica fuera del radio de la construcción “pura”: el programa, la geografía, la economía o las creencias religiosas o ideológicas, llevar el Baukunst (arte de la construcción) como prefería llamarle a la arquitectura a una especie de “grado 0”. La arquitectura puede ser usada no solo para diversas funciones utilitarias, sino por distintas intencionalidades, credos, ideologías o destinos, pero en ningún caso responsabilidad del arquitecto sino de quien la utiliza, Mies buscaba la neutralidad total a partir de la estructura, de la osatura elemental de los edificios, vaciando todo contenido circunstancial.

“Con demasiada frecuencia pensamos en la arquitectura en términos de espectacularidad, No hay nada espectacular en esta capilla (IIT); no pretendía ser espectacular. Estaba destinada a ser simple y de hecho lo es […] no habría construido la capilla de otra manera si hubiera tenido un millón de dólares para hacerlo” (2)

Para Mies no había ninguna condición objetiva de clima, funcionalidad o simbolismo que no pudiera ser acometida por la construcción pura, por la espacialidad creada por el orden estructural, y sí eso no era posible, entonces no era un asunto de la competencia de la arquitectura.

En Europa Mies había trabajado en las condiciones de utilidad y en el vacío que la hacia posible, suponía que el vacío total podía ser equiparado a la utilidad absoluta, no había función imaginable que no pudiera realizarse al interior de un ámbito total, es decir sin barreras físicas o formas preconcebidas que aprisionen su libertad.

El ámbito (ambitus del latín) es algo que se “rodea” que hace circular por sus contornos, es más un “campo” de índole magnética que un lugar definido, en Europa Mies diseña espacios “vacíos” totales, como significativamente el Pabellón de Barcelona, un edificio sin programa, sin contexto y casi podríamos decir sin climatología, y todavía más enigmático, más vacío y más despojado de todo atributo como el otro pabellón diseñado por Mies a unos metros del otro para la Exposición internacional de 1929: el que estuvo dedicado al “Suministro de Electricidad de Alemania”, un cubo blanco, tan desnudo y vacío que Adolf Loos se hubiera inquietado; cuatro muros blancos y desnudos por fuera y por dentro, soportados por 4 columnas doble “T”, adosadas, para recibir fotografías al interior delicadas a la energía y un plafón luminoso, claro antecedente de la famosa capilla del IIT -construida veinte años después, ambos espacios para honrar el vacío y la luz, o el excelso proyecto para la Core House, conocida como 50’-50’ que no logró construir.

Espacios totales, estructuras diáfanas con una función única: estar aprovechando la distinción del idioma español: ser, el intento persistente de capturar el vacío existencial que nos contiene y representa. Sin embargo fue en los Estados Unidos donde finalmente encontró el “orden” buscado para enmarcar ese vacío, esa libertad tan anhelada que en Europa veía constantemente amenazada no solo por el peso de la historia y la tradición, sino por el autoritarismo que ve aflorar en la década de los 30.

La eficiente industria norteamericana y el capital disponible en la posguerra le permitió concebir una gramática y un orden con el cual construir cualquier “tipo", como si se tratara más de un proto-tipo: pies derechos a base de secciones “I” , ensamblados con vigas horizontales retranqueadas para exaltar la verticalidad, losas planas confinadas con grandes planos de vidrio -eso si, tan remetidos como lo exigiera el asoleamiento y podios sobre los que se levanta la construcción, con esos pocos elementos, más los recubrimientos marmóreos o de maderas nobles que tanto amaba, Mies elaboró el sistema con el que realizó todos sus proyectos, un sistema compositivo que le permitía como el lenguaje escribir cualquier texto, vaciado de contenido, pero abierto a múltiples usos e interpretaciones, su orden abstracto intenta despojar a la arquitectura de toda moral de cualquier índole.

La arquitectura de Mies se mantendrá desafiando los “valores” encasquetados a la arquitectura, casi siempre de manera arbitraria: la funcionalidad, el clima, la tradición o la economía, vistos por el alemán más como parte de una gesticulación formal de “especuladores estéticos” como llamaba a los diletantes y decoradores,

Es difícil encontrar en la historia un caso como el de van der Rohe que decide hacer siempre todo de la misma manera, podemos decir superficialmente que todos sus edificios iguales, en algunos aspectos nos recuerda a Palladio, pero a diferencia del veneciano, el cambio en la escala de lo domestico a lo monumental recae en la dimensión de la estructura, no en la forma de la envolvente o los elementos que la componen, el alemán busca la perfección en la profundidad, no en la disparidad, solo refinando lo idéntico, cree posible acceder a lo sublime.

Sin embargo una mirada más atenta nos permite ver que no son “tan iguales” La casa Farnsworth se eleva y se abre al espectacular paisaje circundante, el Seagram´s se recubre de un manto de bronce para darle dignidad y un lujo intemporal a un edificio que se posa en un podio elevado creando uno de los espacios públicos mas memorables de Manhattan, o el ensamblaje del Federal Center de Chicago, una autentica sinfonía compuesta con unos pocos prismas emplazados para enfatizar ese vacío a escala urbana, contrapunteado por el vivo color rojo del magnifico  Calder que enmarca la plaza.

Ludwig Mies van der Rohe, buscó toda su vida la expresión constructiva de la verdad y la honestidad, lector atento de San Agustin y Santo Tomás, reconocía que no es posible manifestar estos conceptos con formas rebuscadas, pastiches históricos o construcciones banales, sino con estructuras límpidas y neutras.

Quizás el único atributo que Mies no quiso despojar de la arquitectura fue la historia, siempre habló de la necesaria coincidencia entre el espíritu de la época y la mejor arquitectura fabricada entonces, en una época como la actual, pasmada ante la desgracia ambiental, la violencia política  y bélica o la insuficiencia económica para millones ¿Qué tiene por decirnos la arquitectura? Habrá que buscar bien, pero dudo que la retórica estilística o los pastiches dorados de los neo-tiranos sirvan de algo en una era de despilfarro y excesos, es cierto que hoy muchos de sus edificios presentan desatinos ecológicos o peculiaridades de habitabilidad, sin embargo ciento cuarenta años después, la lección sigue ahí y yo sigo pensando que “menos sigue siendo más”.

Referencias:

1: van der ROHE Mies; Textos completos 1922-1969, Puente editores, Barcelona. 2025. pp. 268

2: Ibid. pp. 141

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