Columnas

Mapa de una arquitectura: ampliación de un territorio transparente

Mapa de una arquitectura: ampliación de un territorio transparente

19 enero, 2015
por Manuel Trejo

La ampliación y la transparencia a las que hace referencia el título del presente texto son obviadas continuamente en la reflexión arquitectónica, debido a que son categorías invisibles que forman parte de un ejercicio programático, el cual busca liberarse de toda medida humana; esta actividad invierte los papeles. Lo que tenemos es la dominación de una arquitectura transparente y expansionista sobre el terreno de la vida humana.

Cuando se habla de arquitectura, deberíamos poder decir que se pone en marcha un proceso de creación y construcción, en un tiempo y espacio definidos, de una condición de posibilidad que permite el acontecimiento de la habitabilidad. Tras ese acontecimiento, aquel tiempo y espacio son transformados y pueden ser llamados lugares habitables. Acontece la creación de una vivienda que sucede en el tiempo y en el espacio de la obra de arte, pero esta creación no es propia del artista, es decir, sólo lo es en parte. Acontece sólo bajo la experiencia del espectador, del habitante, y bajo la capacidad de imaginar otras formas de existencia, la experiencia de otros mundos posibles y con ello la conciencia de la contingencia, relatividad y finitud de la vida que habitamos en este mundo. ¿No es la reflexión arquitectónica, entonces, un círculo continuo de creación, imaginación y conciencia sobre el tiempo y el espacio? ¿No es la arquitectura la creación de mundos posibles para la vida?

Todo lugar habitable es, entonces, la creación de un tiempo-espacio por parte del arquitecto que, sólo tras el accidental desplazamiento humano logra acontecer como lugar posible para la habitación. Los lugares de la arquitectura son posibles sólo en el accidente, en lo no previsto, en lo que de alguna manera contraviene uno de los procesos fundamentales de la arquitectura, el diseño. No hay receta o planteamiento infalible, todo diseño se deforma en el acontecimiento. Toda obra cambia ante la percepción.

Sin embargo, la arquitectura, hoy en día, se encuentra lejos de aquella condición de posibilidad, no sólo por su enajenación a un proceso de producción y su esclavitud ante el mercado, sino también por una falta de conciencia sobre sí misma, falta que rompe el círculo en el que tampoco pueden tener ya lugar ni la creación, ni la imaginación. De igual forma su acontecimiento se desplaza lejos de aquellos que pueden pensarlo y experimentarlo.

Pero, así como el pensamiento y el arte no pertenecen sólo a los filósofos y a los artistas, la arquitectura, como decíamos más arriba, no es sólo acontecimiento de sus arquitectos. Tales actividades son resultado de una creación de los hombres frente a la necesidad, a saber, la necesidad de pensar, de crear lugares, de habitar. La arquitectura como posibilidad de la habitabilidad acontece en la construcción des-ordenada de la vivienda que, no necesariamente es consciente de su posición, mas es activa frente su necesidad, afirmación del acontecimiento, de la vida y del habitar. Construir es entonces un querer liberarse del orden, por lo que aquella imperiosa tarea que se le presenta a la arquitectura es la de pensarse a sí misma para desordenarse frente al orden informático-publicitario, el orden del mercado y el orden del capital. La afirmación de una arquitectura como desordenada no designaría entonces más que la construcción de un lugar sujeto a su propia ordenanza, a su propia libertad.

Ahora bien, estos tres ordenes, informático-publicitario, el del mercado y el del capital buscan anular toda posibilidad de acontecimiento en el mundo. Por un lado el informático-publicitario como vocero del mercado, nos dice que la comunicación, es decir, el intercambio de información (flujo de capital, personas y mercancías) es lo único relevante. El orden del mercado organiza al mundo y sus relaciones bajo la idea de que él mismo es la única realidad y que todo aquel que critica “la Realidad” está fuera de quicio, es decir, fuera del punto de apoyo en que se articula el mundo, cuando lo verdaderamente desquiciado su lenguaje, el lenguaje del dinero, pues, en palabras de Alain Badiou: “el lenguaje del dinero pretende no tener límites, esa es la razón por la que se trata de un lenguaje desquiciado. Es un lenguaje que presenta un mundo que carece de límites, un mundo de deseos ilimitados”.[1] Finalmente, el orden del capital vía la publicidad, la informática y el mercado, sustituye todo deseo por la forma de un deseo más abstracto, el dinero, de tal manera que todo poder sobre la comunidad, la sociedad y en última instancia, la vida, se desplaza hacia ese deseo abstracto. Las comunidades (personas) deben ceder su identidad para poder ser depositarios de la posibilidad de acceder a tal deseo, son llamados ahora capital humano. El Estado cede todos sus derechos a un poder trans-fronterizo con la finalidad de poder ser un lugar para el flujo de capitales. Finalmente la vida cede su poder, su libertad, su creación, al tiempo de la producción bajo el estandarte de “producir para vivir”.

Y así, hoy en día, el arquitecto se define como un prestidigitador que sabe de antemano que no es más que el puerto de ampliación (slot)[2] de este sistema programado; la motherboard adquiriere mayor capacidad y el arquitecto se convierte en una función de la arquitectura transparente para llevar a cabo su desarrollo programático y su expansión territorial. El mapa homologa el territorio y la vivienda se convierte en una simple comprobación.

Sin embargo, se escucha a lo lejos, pero con claridad una pregunta, un ruido que habla desde el territorio transparente, aquel dice: “¿No es, más bien, una perorata lo que plantea en su dis-cursus, no es el ruido de los ordenadores, de la publicidad y del capital una ontología por sí misma, seres, existencias que también merecen vivir y una vida que merece ser vivida?”

Entonces ¿cuál es el problema, si lo anterior no es una cuestión de lo orgánico contra lo inorgánico, si no es la vuelta de lo artificial contra lo natural y mucho menos de un mundo más real que otro? ¿Dónde radica, entonces, la defensa de la arquitectura como posibilidad de habitabilidad? Tal vez, sólo en la posibilidad de ser conscientes de la contingencia y la finitud y en la posibilidad de poner toda nuestra confianza en el azar, es decir, la posibilidad de imaginar un mundo posible fuera del algoritmo, cuya lógica es la de adueñarse del azar, incluso en cada cálculo fallido.

*El texto que aquí se presenta viene a ser una especie de segunda parte de un texto titulado El ruido como habitación, publicado en la Revista Arquine No. 70. Lo que se intenta es completar el tema del acontecimiento en la arquitectura como vivienda, el cual quedó sólo insinuado en aquella primera presentación.

sou

[1] C.f. http://salonkritik.net/10-11/2013/08/la_pasion_ficcional_del_dinero.phphttp://occidentetv.com/http://blog.p2pfoundation.net/alain-badiou-on-the-philosohy-of-money/2013/07/26

[2]Slot: La palabra slot designa en inglés un espacio. En informática se conoce como slot a un puerto de ampliación o ranura de expansión de la motherboard.