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Columnas

Lo imaginado y no dibujado

Lo imaginado y no dibujado

26 junio, 2019
por Margarita Flores | Twitter: margarita_fm

Decidido a extender la definición del rol de la geometría dentro de la arquitectura a una cuestión más amplia que sólo una herramienta para la regulación de la forma, Robin Evans argumenta en su libro The Projective Cast:

“Lo que conecta el pensamiento con la imaginación, la imaginación con el dibujo, el dibujo con el edificio, y el edificio con nuestros ojos, es la proyección de una forma u otra.”

Steven Holl mencionó a los estudiantes de arquitectura durante la plática impartida en la Universidad de Columbia bajo el nombre Drawing as Tought, que

“los medios de comunicación son tan poderosos hoy en día, que los dejarán ciegos.”

Con estas dos afirmaciones, la primera un comentario sobre el rol del dibujo en el hacer de la arquitectura y la segunda una cuestión referente al carácter de nuestra época, sería posible plantear la hipótesis de que una perdida en la capacidad de observación daría inicio a la destrucción de la secuencia (paso a paso) a la inversa: primero el edificio, luego el dibujo y la imaginación, hasta llegar al pensamiento.

En una época en la que demasiado nunca es suficiente, en la que mucha información parece ser lo importante y sin embargo es inútil, parecería un reto el que un estudiante de arquitectura logre construir un cuerpo coherente de conocimiento. Tal vez Robin Evans suponía la ausencia de ideas que en repetidas ocasiones acompaña a los talleres en las escuelas de arquitectura, cuyos participantes se enfrentan cada día a una multitud de opciones (sobre lo mismo) y a la pregunta: ¿cómo elegir ante la disponibilidad? Y más importante, ¿cómo impacta esto al pensamiento y la producción de arquitectura? Resistirse al momento nos dejaría fuera, más relevante sería aprender y enseñar no solo a manejar la cantidad y la calidad de información, sino referir a la idea y a la posición a partir de la cual podríamos hacer un uso activo y no pasivo de la información.

Tomar la posibilidad que ofrece el conflicto entre la presencia de información y la ausencia de ideas, nos coloca en el reto de identificar las herramientas que logren re-articular la mirada con el edificio, el edificio con el dibujo, el dibujo con la imaginación y la imaginación con el pensamiento; y con ellas idear ejercicios de taller que provoquen la evolución del pensamiento y la manifestación comprensible de las ideas no sólo a través de la lógica sino también mediante la expresión de una lengua que alcance a comunicarse. Valdría la pena dejar de asumir que todo es interesante y comprender que la información sólo gana valor cuando se teoriza, se relaciona, se descompone y se ensambla de nuevo. Plantear la idea de que la arquitectura no es sólo el arte de observar, sino también el arte de construir una retórica, un discurso persuasivo en el que lo importante no es únicamente la idea que conlleva, sino la estructura que la ordena y el efecto que alcanza en su audiencia, la habilidad para expresarse de manera adecuada y alcanzar una conexión con el público.

Si el dibujo (generado a mano o en computadora) es un medio para comunicar la arquitectura y la creación de la arquitectura depende en el acto de proyectar, arrojar una idea, una visión, ¿cómo hacer del dibujo, entendido como un modo de transferencia entre la percepción y el mundo, una herramienta útil para la construcción y la descripción de ideas sobre la arquitectura?

He explorando diversas posibilidades de utilizar el dibujo como instrumento para externar-revelar la imaginación. La investigación iniciada años atrás se materializa en un proyecto de expansión académica bajo el nombre de E-E-P-A Espacio para la Expresión y el Pensamiento de la Arquitectura, desarrollado con un grupo piloto integrado por estudiantes de arquitectura interesados en sustituir la convencional pasividad de los modos de re-presentación, por un traer-al-presente dinámico y cambiante que permita descubrir nuevos modos de explorar el espacio, que aporten a los procesos de diseño y transformen la forma de visualizar el proyecto.

Tomando narrativas existentes, los talleres que ofrece el proyecto parten de preguntas en relación al entendimiento del espacio a las que los participantes buscan dar respuesta en el acto de dibujar. Durante sesiones de 8 a 10 horas y en el deseo consciente por desarrollar la imaginación gráfica, se construyen formas mentales de proyección que permiten identificar las ideas y hacerlas evolucionar. Fundamental al desarrollo de los ejercicios ha sido la disposición de los participantes por realizar dibujos abstractos de significados ausentes y por tal razón llenos de posibilidades. El enfoque del esfuerzo está en lograr que durante su desarrollo el proceso revele una visión subconsciente. El trabajo obtenido existe como una exhibición de diversas ideas, complejas tramas de espacios, habitantes sugeridos y experiencias, razonadas a partir del dibujo, elemento decisivo en la producción de la lógica necesaria para la proyección de las ideas y la construcción del discurso.

Partiendo del entendimiento de que un dibujo no es algo agregado a la arquitectura sino lo que en primer lugar la hace posible, las preguntas que plantean los ejercicios están dirigidas a activar una serie de procesos mentales que se expresan en un solo dibujo dispuesto al cambio constante que le permite incorporar nuevos razonamientos y ampliar su capacidad persuasiva.

 

¿Qué es lo que vemos que no está ahí? 

En el intento de extender el significado de la palabra ausencia, la mente comienza una exploración con el fin de identificar y recuperar lo que encuentra interesante dentro de la narrativa que estudiamos.

 

¿Cómo evidenciamos la tensión provocada entre el diálogo que confronta y concilia la percepción y la realidad? 

La mente busca entender y describir cómo se relacionan y diferencian los elementos que dan carácter a aquello que encontramos interesante.

 

¿Cómo expresar la estructura que relaciona las partes en un todo? 

La correlación entre elementos guarda una analogía física: división, unión, colisión, es decir la dialéctica que permite que un elemento se defina en relación al anterior y viceversa, sitúa a la mente en un proceso analizar, clasificar y organizar los elementos a partir de la estructura que los relaciona. 

 

Una vez razonados los elementos y la estructura de aquello que guarda nuestra memoria, es posible visualizar una nueva realidad al aplicar acciones (rotar, escalar, copiar, espejear, yuxtaponer, invertir, desplazar, enterrar) sobre la estructura. La selección de acciones y la secuencia en que se acomodan parte de una crítica que coloca al dibujante en el compromiso de distinguir y enfatizar lo que guía, coordina y conlleva. Sobre ésta singularidad será posible un dibujo coherente, creativo e inventivo que a manera de coreografía, exprese la arquitectura como un collage físico y mental que ocurre cuando la realidad y la percepción se yuxtaponen. Cuando el contenido y su representación son uno mismo, existen las ideas más allá de la percepción o la realidad, lo expresado no repite la situación existente, sino que descubre una nueva, y es en éste momento cuando el razonamiento se convierte en una parte esencial para el proceso. Un modo de dibujar que integra en su ejecución momentos de reflexión sobre le significado de lo que se produce con el fin de construir a partir del trabajo un momento de observación, una nueva manera de ver las cosas, un canal entre la percepción y la realidad. Tener claridad sobre la idea propia y aplicar una visión intelectual de la realidad a la forma concreta de un proyecto, confirmando que lo que vemos es la manera en que observamos.

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