La nueva escalera del New Museum
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2 mayo, 2026
por Miquel Adrià | Twitter: miqadria | Instagram: miqadria
La nueva fábrica de ventanas de alta gama de Panoramah, en Oporto, diseñada por Eduardo Souto de Moura, es -simultaneamente- un laboratorio y un taller, un lugar de encuentro y un espacio de reflexión, dado que una ventana -o una puerta- no son un objeto aislado, sino que representan el arquetipo de un dispositivo de mediación entre interior y exterior, entre peso y ligereza, entre opacidad y transparencia, entre silencio y ruido.
Este edificio está dedicado a la investigación sobre las ventanas y a la ejecución de aperturas estructurales con gran precisión. Aunque la historia de estas ventanas se remonta a la década de 1920 —con la difusión de las ventanas correderas horizontales a través del Movimiento Moderno y la exploración de superficies acristaladas cada vez mayores—, el uso efectivo de las propiedades estructurales del vidrio y la reducción de los marcos a la mera función de garantizar estanqueidad y operatividad solo se consolidaron plenamente a partir de los años noventa. Fue a partir de 2003 que Eduardo Souto de Moura empezó a utizar esta tecnología —en proyectos como las Casas en Ponte de Lima, el Estadio de Braga o el Metro de Oporto— que le permitió mejor rendimiento técnico y grandes dimensiones.

A diferencia de muchos proyectos de Eduardo Souto de Moura que, incluso sin una función industrial, suelen sugerir esa imagen, esta fábrica no revela su carácter fabril, sino que se presenta como un conjunto de volúmenes abstractos de distintas alturas, organizados en torno a un gran patio arbolado. La fábrica está compuesta por cuatro prismas de distintas alturas —8,20, 11 y 14,60 metros— pintados en diferentes tonos de blanco y gris, casi imperceptibles a primera vista, que están interconectados y siguen un recorrido continuo acorde con la línea de ensamblaje, con vehículos que entran y salen por los extremos, frente a una pequeña plaza en el límite oriental del sitio. Las materias primas ingresan por un extremo y los productos terminados salen por el otro. Dispuestos en sentido antihorario, los volúmenes albergan funciones específicas del proceso de ensamblaje: el almacén; el ensamblaje de sistemas; la producción y motorización; y finalmente, el empaquetado y las áreas comunes como el comedor y el gimnasio.

Todas las superficies acristaladas de estos volúmenes se concentran en los tres metros de altura en la planta baja, que muestran distintas soluciones de carpintería. No solo permiten a los visitantes del patio observar todo el proceso de fabricación, sino que también funcionan como un auténtico catálogo de productos, sin comprometer la arquitectura sobria y rigurosa del conjunto. En las fachadas hacia la calle, las ventanas correderas con vidrio traslúcido permiten la entrada de luz garantizando la privacidad interior. En el lado del patio, todas son de vidrio transparente y se abren a las distintas actividades y todo el ciclo de ensamblaje al claustro. En el almacén ubicado en el lado norte, se emplean ventanas correderas y ocasionalmente puertas pivotantes. En la fachada oeste —correspondiente al área de sistemas— una banda con marco invisible mantiene la métrica de la ventana. En la fachada sur, un volumen central más pequeño dedicado a la motorización incorpora puertas correderas de acero inoxidable con rieles ocultos; y en la fachada este, grandes puertas correderas con rieles ocultos magnéticos y revestimiento de madera permiten que los enormes paños del comedor, de 9 × 3 metros, se deslicen manualmente. En el interior del volumen de Sistemas —el más alto—, el Observatorio de la Ventana domina, desde una altura de diez metros, la gran nave industrial a través de una amplia fachada acristalada, evocando los scriptorium y bibliotecas de los antiguos monasterios, situados junto al ábside de la iglesia, desde donde se observa todo el ciclo de producción.

En la inauguración de la fábrica, Eduardo Souto da Moura agradeció a un concurrido grupo de arquitectos de todos lados y cedió la palabra a Fritz Neumeyer para que diera una cátedra sobre Mies van der Rohe. Neumeyer es autor del libro The Artless Word: Mies van der Rohe on the Building Art, donde reconstruyó el pensamiento de Mies como una búsqueda de orden, claridad y esencia en la arquitectura. El autor se centró en el podio o basamento miesiano, no como un simple soporte, sino como un elemento que separa el edificio del suelo natural, creando una condición de artificialidad controlada, para convertirse en mediador entre naturaleza, técnica y representación arquitectónica. La lectura que hace Neumeyer de Mies—especialmente la idea del podio como construcción de un orden artificial y preciso— encuentra una resonancia clara en la obra de Eduardo Souto de Moura, aunque reinterpretada desde el paisaje y la materialidad. En Souto de Moura, el basamento no siempre se presenta como una plataforma abstracta y autónoma, sino como una operación topográfica: cortar, excavar o plegar el terreno para construir una nueva condición del suelo. Proyectos como el Estadio Municipal de Braga muestran cómo la arquitectura emerge del territorio mediante un gesto de sustracción, donde el “podio” es casi geológico más que tectónico. Mientras Mies separa el edificio del suelo para afirmar un orden universal, Souto de Moura tiende a intensificar la relación con el sitio, haciendo que el basamento sea continuidad transformada del paisaje. Sin embargo, en ambos casos persiste una idea común: el suelo no es dado, se construye. Y en esa construcción se define tanto la forma como el sentido de la arquitectura.

Si bien la clase que dio el profesor alemán en el patio de la nueva fábrica refrescó las ideas canónicas de la modernidad para incorporar a Souto de Moura en la tradición clásica
-Schinkel, Mies, Souto de Moura- desde la lógica del basamento, se olvidó de conectar con el concepto de transparencia y levedad que también los une y que, sin duda, habría sido mucho más oportuno en la inauguración de la nueva fábrica de ventanales.

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