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Columnas

La tentación del puente y la barranca

La tentación del puente y la barranca

29 julio, 2015
por Juan Palomar Verea

Publicado originalmente en El Informador

Desde hace muchos años diversas gentes (o compañías o incluso autoridades) han planteado la posibilidad de construir un puente sobe la barranca de Oblatos y edificar otro pedazo de Guadalajara al norte de la gran falla geológica, en terrenos del municipio de Ixtlahuacán del Río. Es una barbaridad, un disparate, un gravísimo atentado ecológico. Por muchas razones.

En medicina se usa el término metástasis para designar el fenómeno de la transmisión de tejidos infectados o desordenados a otras partes del organismo. Eso es lo que se haría en términos territoriales al hollar el ámbito natural y limpio que desde todos los siglos existe del otro lado de la barranca con “desarrollo urbano” (que ya sabemos cómo es cuando se hace bajo el signo de la especulación).

Bien sabido es que Guadalajara es una ciudad fofa y desperdigada, que guarda en su zona ya consolidada territorio suficiente para albergar todo el crecimiento futuro, de aquí al año 2040, cuando según las más rigurosas proyecciones se estabilizará su población. ¿Entonces cuál es el afán del puente y la metástasis? El negocio, la codicia, la usura depredadora. Tan fácil como eso.

Resulta de elemental lógica y congruencia política y urbanística poner toda la energía y los recursos disponibles en mejorar, consolidar, completar y sacar del atraso muchas veces escandaloso a la actual mancha urbana tapatía. Desde esta perspectiva, desperdigar aún más la ciudad (o hacer un asentamiento del otro lado de la barranca) sería una irreparable irresponsabilidad que tendrían que pagar todas las futuras generaciones.

Los franceses utilizan para intenciones como la citada una expresión: “fuga hacia adelante”. Como no se pueden resolver los problemas atrasados y los presentes, abrir nuevos frentes de acción creyendo que con ello se disfrazará la problemática existente y se distraerá a la gente con el señuelo de nuevas y aparatosas actividades, la inmensa mayoría de las veces absurdas.

Simplemente, para hablar de la barranca misma: llevamos casi cinco siglos degradándola y depredando un medio natural incomparable e indispensable para la ecología de toda la región. Al día de hoy, la mayor parte de los desechos que allí se vierten se hacen sin el tratamiento adecuado lo que resulta en el radical envenenamiento del río Santiago. El costo de esta situación, en términos ambientales, económicos y humanos es estratosférico. Se han hecho serios esfuerzos para resolver este gran reto, sin embargo es mucho lo que falta. En este tipo de problemáticas es en donde hay que invertir esfuerzos y recursos. Nada más falta, ahora, que se comience a envenenar el río, pero desde su ribera derecha (norte). Y que perdamos la presencia incomparable, al otro lado de la barranca, del campo limpio.

Apenas hay incipientes acciones para ir ordenando la ceja urbana de la barranca de Oblatos. Ese es otro frente urgente en donde habría que trabajar con mucho mayor intensidad y provecho. Sin hablar de tantos otros aspectos, como la indispensable densificación ordenada y sustentable de los tejidos urbanos pertinentes.

La tentación del puente únicamente desvía la atención de los temas centrales para la salud de Guadalajara. Es hora de zanjar esa cuestión, en beneficio de todos. Y pensar en lo que importa.

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