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Columnas

La plaza del mundo

La plaza del mundo

24 junio, 2014
por Mónica Arzoz | Twitter: marzozcanalizo

plazaPlaza de la Señoría en Florencia (Italia) | Foto Samuli Lintula – Wikipedia

Un vacío o superficie contenido por elementos arquitectónicos y urbanos dentro de la ciudad, es simplemente un espacio dentro de la traza urbana. Éste sólo se convierte en un espacio público al ser ocupado y vivido por el ser humano.

Por definición, el espacio público se refiere a cualquier área o superficie de libre acceso en el cual cualquier persona tiene derecho a estar. Es el escenario de la interacción social cotidiana, cuyo fin es satisfacer las necesidades colectivas trascendiendo los límites de los intereses individuales. Las plazas, parques, banquetas, alamedas, edificios de uso público, o calles, son solo algunos de los espacios públicos dentro de una ciudad. La dinámica propia de las ciudades y los comportamientos de sus habitantes crean, paralelamente, espacios públicos que jurídicamente no lo son, o que no estaban previstos como tales. Un ejemplo de estos, son los espacios residuales o abandonados que se transforman en espacio de uso público espontáneamente.

Por otro lado, también existen espacios de uso publico dentro de propiedad privada, que aunque no son de libre acceso en su totalidad, como es el caso de los centros comerciales, teatros o estadios, de igual forma tienen un rol muy importante en las dinámicas sociales y espaciales de una ciudad. Además de la dimensión especial de un espacio público, las dimensiones social, cultural, política y humana  son las que verdaderamente le dan relevancia al mismo.

Los espacios públicos son los elementos que más distinguen a una ciudad, éstos dan “sentido” y mayor calidad a la vida urbana. Son multifuncionales en todo momento, son espacios de libertad, donde el ser humano realiza actividades muy distintas al espacio privado. Es un espacio de unión, destinado a fomentar la creación y reforzar la identidad urbana de sus usuarios y habitantes. Son espacios de ilusión creada, donde se refleja la verdadera identidad de la ciudad.

Existen espacios públicos que se encuentran por casualidad, que no fueron construidos con ese fin, sino que emergen solos. Aunque la arquitectura y el urbanismo son las doctrinas que se ocupan de facilitarlos o crearlos, en realidad, un espacio público va más allá del diseño arquitectónico del espacio. La arquitectura simplemente actúa como el intermediario entre las necesidades del ser humano y la ciudad, brindando espacios donde posiblemente vida puede suceder. Son muchos los factores que están implicados en el buen funcionamiento de un espacio público y  el diseño es simplemente uno de ellos.

Los espacios públicos son elementos flotantes dentro de la ciudad, que van tomando vida donde ésta los necesita. No existen características físicas especificas para el éxito, pues estos únicamente surgen donde hay vida humana que los alimente, son lugares que viven por sí mismos y que van desde una banqueta en alguna calle perdida de la ciudad, hasta grandes plazas y estadios de futbol.

La “vida” del espacio público se encuentra en las relaciones personales que surgen en la continua interacción humana que el movimiento y las dinámicas de una ciudad crean. Momentos y procesos de la vida cotidiana, como el transportarse, el ajetreo laboral o el ocio momentáneo, son solo algunos de los fenómenos que se intersectan para que esta vida emerja.

Algunas ciudades de hoy, tienen una tendencia a reunirse en lo privado, lo que desencadena un fenómeno de fragmentación progresiva del espacio público. Además, con el surgimiento de nuevos tipos espacios públicos (las redes sociales, por ejemplo) la necesidad de ellos, erróneamente, se ha devaluado. Esto ha ido debilitando la identidad urbana que estos espacios crean.

Sin embargo, en momentos como éste, bajo los efectos de un evento como la Copa Mundial de Futbol, con efectos e implicaciones a nivel mundial y con el mundo entero con los ojos puestos en uno de los eventos con más afición registrada, es cuando la necesidad del espacio público se hace más evidente. Es en estos espacios alrededor del mundo, que la identidad nacional y ciudadanía se materializan y se hacen visibles uniendo a naciones enteras bajo una misma ilusión y deseo de ganar.

Es indiscutible la fiebre que corre alrededor del mundo contagiada por el fútbol. La pasión que sacude a millones de personas se desborda hasta el delirio. Al observar tal fenómeno con otros ojos, es inevitable notar el impacto que este tiene a nivel social y urbano en la ciudades. Desde la pausa en la rutina cotidiana a la hora de el juego, la apropiación del espacio publico por parte de las multitudes que festejan o lloran a su equipo, hasta los estadios, donde dos rivales luchan por el título, se observa el efecto de este tipo de eventos sobre la vida de las ciudades. De cierta forma, el mundial crea un  espacio público compartido globalmente. Cada espacio público repartido por el mundo, es una pequeña pieza de la escenografía de un gran escenario que da vida a gran fenómenos social.

La gran duda es el verdadero efecto del espacio público. La calidad de un espacio público (sin importar su escala) debiera ser evaluada por la intensidad y calidad de las relaciones sociales que facilita, por su capacidad de acoger y mezclar distintos grupos y comportamientos, y por su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural. Así como el fenómeno del Mundial genera un tipo de interacción social y procesos sociales nuevos a nivel global, la pregunta que debemos hacernos es, cómo replicar este tipo de espacios en las ciudades, generando más espacios públicos que verdaderamente mejoren el nivel de vida de la ciudad. Como dice Saskia Sassen, las ciudades son sistemas complejos, pero siempre incompletos, donde todavía existe la posibilidad de hacer y crear nuevas posibilidades.

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