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Columnas

La permanencia de la inestabilidad

La permanencia de la inestabilidad

3 abril, 2014
por Juan José Kochen | Twitter: kochenjj

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Una utopía colectiva. Una ciudad que se imaginó, deformó y desvaneció para convertirse en otras más. Desde distintos ángulos, momentos y personajes, esta historia toma a la modernidad como contexto seductor. La experiencia literaria y gráfica del siglo 20 comenzó con el estridentismo, un movimiento que mostró una idea lúcida sobre la modernización urbana, la construcción de una ciudad metafórica y vanguardista, erigida con manifiestos, relatos, artículos, entrevistas, libros, revistas y metáforas que tuvieron como escenario una urbe de formas imaginarias. Treinta años después de Urbe y El café de nadie, la ciudad se volvió más verosímil en su construcción, por lo menos en su ideología conceptual, objeto para múltiples expresiones artísticas e invenciones del espacio.

Este relato se sitúa en el comienzo de la construcción de Ciudad Universitaria y El Museo Experimental El Eco en los años cincuenta, y grandes obras de Estado y urbanización a principios de los sesenta como el Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco, San Juan de Aragón, Ciudad Nezahualcóyotl, el Anillo Periférico, la Glorieta de Insurgentes, el Museo Nacional de Antropología, el Museo de Arte Moderno o el Instituto Politécnico Nacional, entre otros. “La Ruptura” urbanística y arquitectónica, pero más bien del cambio de rumbo proclamado por Octavio Paz como una apertura de la Escuela Mexicana. Aquí se detiene el Desafío a la estabilidad. Procesos artísticos en México 1952-1967, 15 años de un contexto de replanteamiento de las relaciones entre identidades locales e influencias importadas para cambiar la fisonomía de la cultura en México.

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La aparición de “La Ruptura” es sólo el motivo para narrativas disímiles pero a la vez complementarias entre la interacción, el diálogo y la emancipación de las artes. El Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM muestra esa revolución de las artes visuales, la arquitectura, la literatura, el cine, la danza, el teatro y la arquitectura a partir de una serie de estrategias multidisciplinares, audaces, críticas y contumaces. Se trata de un cambio de conversación sobre la cultura y el arte hacia nuevas formas de lenguaje: borramientos, corporalidades, imaginarios, modernizaciones, yuxtaposiciones y nuevos circuitos. Con el mismo discurso colectivo del movimiento artístico, la exhibición fue curada y diseñada por un grupo de investigadores e historiadores del arte: Rita Eder, Angélica García, Pilar García, Cristóbal Andrés Jácome, Israel Rodríguez y Álvaro Vázquez; además de un grupo de alumnos y profesores del simposio “Genealogías del arte contemporáneo en México”. Más que un manual, catálogo o glosario de obras ‘en ruptura’, la exposición relata una coincidencia de momentos y ejercicios estéticos vinculados al arte y la ciudad con múltiples formas de expresión.

Octavio Paz decía que la modernidad ha sido una cortada del pasado y lanzada hacia el futuro siempre inasible, vive al día y no puede volver a sus principios para así recobrar sus poderes de renovación. Más allá de la meticulosa museografía, un inusual y acertado recorrido por varias salas del MUAC con transiciones de luz, videos, pinturas, esculturas, libros, revistas, objetos y narrativas de todo tipo, las 380 obras de 74 artistas logran contar una buena historia. Si en su momento fue periodo de expansión urbana y transformación de la ciudad que dio lugar a la crítica de las actividades culturales y el surgimiento de nuevos espacios y públicos emergentes, la exposición reivindica ese diálogo muchas veces reticente entre el visitante, el discurso y la museografía. Hasta el 3 de agosto, este Desafío a la estabilidad se vuelve un paseo de imaginarios cotidianos, de nostalgias modernas, exploraciones del futuro y rescates del pasado como el mural de hierro del Cine Diana de Manuel Felguérez, alguna fiesta de cumpleaños de Carlos Fuentes, el comercial de promoción de Tlatelolco, la construcción de Ciudad Universitaria, “Los magueyes” de Ruben Gámez, la serpiente de El Eco o los “Pocos cocodrilos locos” de Mathias Goeritz. Al final, citando al mismo Goeritz, las obras –y la exposición– pudieran ser “un experimento con el fin de crear nuevamente”, y al igual que toda idealización utópica, es material para construcciones del futuro. Una apuesta por dejar abierta la idea de posibilidad, la permanencia de la inestabilidad.

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Curadores / Rita Eder, Angélica García, Pilar García, Cristóbal Andrés Jácome, Israel Rodríguez, Álvaro Vázquez Mantecón. Artistas / Manuel Álvarez Bravo, Inés Arredondo, Luis Barragán, Feliciano Bejar, Enrique Bostelmann, Guillermina Bravo, Luis Buñuel, Félix Candela, Leonora Carrington, Arnaldo Coen, José Luis Cuevas, Felipe Ehrenberg, Salvador Elizondo, Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Pedro Friedeberg, Carlos Fuentes, Rubén Gamez, Jomi García Ascot, Fernando García Ponce, Juan García Ponce, Gelsen Gas, Gunther Gerzso, Alberto Gironella, Alan Glass, Mathias Göeritz, Juan José Gurrola, Luisa Josefina Hernández, Kati y José Horna, Alejandro Jodorowsky, Juan Vicente Melo, Carlos Mérida, Rodrigo Moya, Mario Pani, Wolfgang Paalen, Pedro Ramírez Vázquez, Margaret Randall, Diego Rivera, Vicente Rojo, Armando Salas Portugal, Kazuya Sakai, Tomás Segovia, Beatriz Sheridan, Rufino Tamayo, Remedios Varo, entre otros.

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