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Columnas

La herejía de lo sagrado

La herejía de lo sagrado

28 abril, 2026
por Lorena Sicilia Pedroza

Génesis de la herejía literaria al caer la tarde de domingo. Patio del Cuartel de Conde Duque, Madrid.

“Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer,
limpiando la ciudad de espectros
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas

Ismael Serrano, 2007

En tiempos de crisis y conflicto se abre la ventana de la reflexión; una mirada sobre “lo importante” y “lo sagrado”, de aquello a lo que conferimos valor.  Y así de manera involuntaria y hasta cierto punto mística, esta columna se reescribe desde el Cuartel de Conde Duque en Madrid cuya construcción inició en 1717 y culminó en 1721. Este recinto militar a lo largo del tiempo albergó una “Academia de Matemáticas”, un observatorio astronómico, una capilla, la cabecera de líneas de telegrafía óptica y muchos etcéteras, hasta convertirse en un espacio contenedor de historia, libros, arte y jóvenes que colman la sala de estudio los domingos realizando sacrificios al ocio e implorando encontrar milagrosamente enchufes para no quedar sin batería.

Oh, plástico material sagrado, que resistes los embates del tiempo, del viento y del sol.

¿Será sagrado el recuerdo o un misterio la culpabilidad?

Este cuartel sufrió un par de incendios en 1858 y otro en 1869, lo que trajo como consecuencia daños que comprometieron la seguridad de sus usuarios. Hacia el año 1913 se declaró inhabitable y con ello la promoción de su derribo. Para 1969 el inmueble se vendió al Ayuntamiento de Madrid y en 1983 fue rehabilitado como Centro Cultural.

Manéjese con cuidado, handle with care.

Siguiendo la transformación histórica de este inmueble, me pregunto si las instalaciones militares utilizadas en los conflictos armados actualmente correrían la misma suerte en un futuro. Sin embargo, se pone de manifiesto (como aseguraba el príncipe de la canción, -lo que un día fue, no será), lo que ayer fue un sitio sagrado para militares, actualmente lo es para estudiantes.

Habitar, delimitar, jugar, experimentar . . . en lo sagrado y divino de la niñez.

El adjetivo sagrado suele referirnos a lo religioso, lo espiritual, a lo intangible. En el diccionario de la lengua española el término se relaciona con aquello digno de veneración por su carácter divino o por estar relacionado con la divinidad. Así, la “religión” se define como el conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual, social y de prácticas rituales, principalmente, la oración y el sacrificio para darle culto. Bajo el halo de lo sagrado, se antoja un ambiente introspectivo de acuerdo con ese sentimiento intangible que sostiene la individualidad y sobre la que se construye lo colectivo. El significado del rito, como una costumbre o ceremonia de acompañamiento, para transitar tanto las desventuras como las alegrías que habitan la vida misma y como acto de fe, dan soporte a lo insoportable.

Lo que podría ser cualquier cosa, pero salió iglesia. Rivas Vaciamadrid, Comunidad de Madrid.

Entonces, el carácter de lo divino no solo se remite a los aspectos religiosos, sino al valor individual que transferimos a las cosas; compartiendo conceptos, pero también fabricando los propios.

Cultura evacuatoria. Paseo de Recoletos, Madrid.

Si bien, hay un distanciamiento social de la religión y sus instituciones, la “espiritualidad sin religión” gana adeptos a raíz de la necesidad de resguardo, consuelo y pertenencia de nuestra especie. Actualmente, las tendencias culturales entre jóvenes exploran y mezclan religión, estética y espiritualidad, como sucede en la música de Rosalía en el disco Lux como ejemplo de la expresión simbólica y de la búsqueda de significado.

El triángulo y no de las bermudas. Iglesia cerca del parque del Retiro, Madrid.

Espiritualidad y religión no son lo mismo, pero se relacionan. Lo espiritual tiene que ver con una búsqueda personal de sentido de propósito y experiencia. Puede ser expresada a través de arte, símbolos; mientras que la religión remite a un sistema de creencias acompañadas de prácticas y rituales que comparte una comunidad.

Sagrada ocupación comercial cada domingo en Avenida de Asturias, Madrid. Guía Pantone o “me queda o no me queda” y “cómo me queda”. Comprar como acto de Fe.

Sin entrar en menesteres filosóficos o quizás sí, el espacio como concepto es una expresión “per se” del “habitar”, que propicia el recogimiento, la contención de una actividad personal o comunitaria que adquiere un carácter simbólico como elemento de pertenencia. La arquitectura religiosa se reinventa y busca esquemas de financiación que transforman sus espacios de oración en discotecas, cafés, hoteles, bares o vivienda, cobijando las tentaciones del mundo terrenal.

Un espacio sagrado, para ser visto…por Dios y dejarse ver por los demás.

¿Whatsapeando a Jesús, o jugando Candy Crush?

La arquitectura realiza una función fundamental en la significación de lo sagrado, de lo íntimo, lo personal, del refugio, del lugar seguro. Ciudades llenas de capas religiosas históricas, de iglesias, conventos, cruces, ermitas, procesiones, siguen ahí, aunque ya no se vivan igual e incluso hayan perdido su símbolo devocional.

El banquillo de las lamentaciones o lo que el shopping se llevó, además de su energía, en alguna iglesia de Madrid.

Bajo esta premisa, “habitar” entonces una biblioteca, se puede convertir en un sitio sagrado para el que estudia; un bar para quien gusta de encuentros y conversación; un estadio para los aficionados de un deporte que veneran con pasión; lo mismo la guerra lo es para algunos, el dinero y el poder para otros.

Se presume una mezquita, barrio de Tetuán, Madrid.

Marketing eclesiástico.

Cerrando pues, la ventana reflexiva, lo sagrado es la voz interior que aleja del ruido exterior y de las distracciones. Es la invitación al silencio, es respeto. Es estar aquí y ahora sea cual sea el objeto de nuestra veneración. Es transitar la vida y aceptar, como lo permite la arquitectura en constante transformación, como el Cuartel de Conde Duque, para así habitar y habitarnos en el sagrado territorio de existir.

Autoconstrucción de la fe, Mejorada del Campo.

Divina Globalización. No tener cambio, ya no es pretexto.

Iglesia sin alma, barrio sin vida. Entrevías, Madrid.

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Albert Einstein.

Arquitectura efímera, habitar la luz en el sagrado descanso del que contempla.

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