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“Hay que humanizar nuestras ciudades”. Lecciones de Mario Schjetnan, Medalla en Arquitectura 2017

“Hay que humanizar nuestras ciudades”. Lecciones de Mario Schjetnan, Medalla en Arquitectura 2017

13 noviembre, 2017
por Arquine

‘Una de las preocupaciones de Mario Schjetnan ha sido el significado social del paisaje, no solamente en términos de apropiación popular del espacio verde público, sino también en lo que se refiere a la recuperación de la memoria histórica colectiva que debe generar el ambiente urbano’
— Roberto Segre. ‘Paisajismo Mexicano: mito, desierto y floresta’ en Mario Schjetnan. Entorno urbano y paisaje

Mario Schjetnan, fundador del Grupo de Diseño Urbano, es una de las figuras más destacadas del mundo en el área de la arquitectura del paisaje. Él es el único latinoamericano que ha recibido el premio Sir Geoffrey Jellicoe, en 2015. Un reconocimiento que otorga la Federación Internacional de Arquitectos del Paisaje, y que es el mayor galardón de esta rama profesional en su campo.

Su labor volvió a ser reconocida hace unas semanas, cuando CEMEX le entregó el premio Lorenzo H. Zambrano 2017 a la carrera, aún vigente con proyectos como el Bosque de Chapultepec o el Parque La Mexicana, en Santa Fe. Ahora, Mario Schjetnan era de nuevo notica, al recibir la Medalla Anáhuac en Arquitectura, un reconocimiento otorgado cada cinco años por la universidad y que ya han recibido Ricardo Legorreta y Agustín Hernández.

En la ceremonia celebrada hoy, y tras agradecer el premio, apuntó algunas ideas sobre la arquitectura, el paisaje y la ciudad, repasando algunos de sus referentes como Le Corbusier, Roberto Burle Marx, Luis Barragán, Mario Pani, Garret Eckbo, Ian Mcharg, Donald Appeyard o la arquitectura mesoamericana.

Schjetnan hizo ver cómo la arquitectura del paisaje ofrece una respuesta con una visión global. En un momento en el que la urbanización es ya un proceso global, que afectará a gran parte de la población del planeta, el arquitecto señaló a la disciplina del paisaje como una posibilidad: “hay que ser más cuidadosos con el acceso los recursos, hacer frente al problema del calentamiento global, que es ya una realidad”. Para Mario Schjetnan, la solución sólo pasa por un lugar: “hay que humanizar las ciudades”, devolver la escala humana y, sobre todo, actuar con cierta ética, en la que construir lugares más amables, abiertos, donde se propicie el encuentro, debe aparecer como prioridad. “Son esos los retos que nos conciernen como diseñadores”. “La ciudad nos marca”, sea para bien o para mal, un proyecto “puede hacerla más o menos injusta”.

El diseño entonces debe atender a valores como la sostenibilidad, la habitabilidad, o la quedad. Para ello uno debe hacerse preguntas básicas: “¿puedo ir al trabajo sin gastar gran parte de mi sueldo?” El urbanismo y la arquitectura del paisaje pueden apuntar en esa dirección pues son ellas las que median entre la gente y el entorno en el que viven; pero el reto no corresponde sólo a los arquitectos, razón por la que Schjetnan destacó en reiteradas ocasiones una necesaria interdisciplina en los proyectos, después de todo, “la ciudad es un ecosistema complejo”, construido entre muchos, en el que cohabitan la arquitectura, el paisaje y el urbanismo, entendidas aquí como un continuo.

Nuestra labor, entonces, será la de entender esa complejidad –la historia, la topografía, los recursos, etc. de un lugar–, para crear con ella espacios con un objetivo primordial: la creación de proyectos donde la calidad del diseño lleve a una mejor calidad de vida.