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Columnas

La utopía de Gillette

La utopía de Gillette

5 enero, 2021
por Christian Mendoza | Instagram: christianmendozaclumsy

 

El 5 de enero de 1855 nació King Camp Gillette en Fond du Lac, Winsconsin. Vendedor ambulante, inventó una versión de la safety razor, una gama de afeitadoras portátiles. A decir de la descripción de la patente de Gillette, permite la intercambiabilidad de navajas que no requieren ser afiladas, las cuales son colocadas en un mecanismo desarmable que no las deja tan expuestas a la piel del usuario y que, además, asegura la uniformidad en el afeitado. El producto cambió algunas lógicas de la moda y del mercado de los cuidados masculinos. Greg Mcoy, historiador de la marca, menciona que antes del producto de Gillette las únicas opciones eran acudir al barbero varias veces a la semana o aprender las difíciles técnicas del afeitado a navaja expuesta.

 

El obituario que el New York Times le dedicó el 11 de julio de 1932 consigna que “el invento fue muy bien recibido por los jóvenes, e hizo que los viejos, cansados de cortarse con navajas expuestas, adoptaran nuevos hábitos.” La misma publicación del periódico proporciona algunos datos de ventas: el primer año de operación de la compañía Gillette Safety Razor, sólo fueron vendidas cincuenta y una afeitadoras. El siguiente año las ventas ascendieron a 90,000. Además, hacia 1930 la compañía comenzó a instalar fábricas en varias partes del mundo. Si durante el siglo XIX el vello facial fue un signo irrefutable de virilidad, una tecnología que podía ser industrializable representó un cambio de estafeta generacional. La apariencia masculina afeitada significó modernidad.

 

 

Un objeto tan mínimo fue fundamental en muchos hogares y monopolizó el mercado de las afeitadoras, resultado contraproducente a las ideas políticas de King Camp Gillette. Urbanista utópico, King Camp Gillette imaginó en su libro The Human Drift una ciudad en las Cataratas del Niágara con grandes edificios de departamentos que contuvieran sus propios servicios, una comunidad con igualdad material a la que no llegaría el crimen ya que la competencia capitalista sería desconocida.

 

Su socialismo al final nos legó una afeitadora que actualmente puede ser desechable, eléctrica o en un modelo que demanda resurtirse constantemente de navajas: uno de los tantos aparatos de la vida cotidiana que contribuyen a generar desperdicio y gasto de recursos energéticos, aunque el objeto también ha propiciado reflexiones sobre la masculinidad. En 2019, la marca lanzó un comercial donde abogaba por hombres que fueran mucho más empáticos con las mujeres y, además, con otros hombres, campaña publicitaria que desató una reacción negativa de bastantes consumidores de Gillette.

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