17 abril, 2026
por Arquine
En representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Esteva Medina, encabezó en el Palacio Postal Mexicano la entrega de los Premios Nacionales de Ingeniería y Arquitectura 2024, otorgados al ingeniero Francisco de Pablo Galán y al arquitecto Augusto Quijano Axle, a quienes reconoció como “memoria viva de un país que se ha construido con inteligencia, esfuerzo y responsabilidad asumida”.
“Hoy no sólo entregamos un reconocimiento, hoy nos reunimos para mirar con gratitud lo que permanece, para nombrar lo que trasciende […] porque como decía Lao Tsé, el agradecimiento es la memoria del corazón”, señaló.
Sobre Francisco de Pablo, destacó su trabajo en infraestructura educativa: “Ahí, en esos muros que resguardan sueños […] su obra adquiere una dimensión distinta, se vuelve semilla, porque construir infraestructura educativa no sólo es levantar un edificio, es abrir oportunidades”, subrayando que su labor “trasciende lo material para convertirse en una vida compartida”.
En cuanto a Augusto Quijano Axle, apuntó que su arquitectura “recuerda que el espacio también puede emocionar, que la luz, el silencio y la forma pueden dialogar con lo más íntimo de nuestra condición humana”. Sus obras, dijo, “no sólo se recorren, se viven […] donde la belleza es una necesidad del espíritu”, en referencia a la “religiosidad implícita” de Luis Barragán.
Asimismo, afirmó que “construir también es un acto de trascendencia […] toda obra es memoria”, y citó a José Saramago: “sin memoria no existimos, sin responsabilidad quizás no mereciéramos existir”. Finalmente, agradeció a ambos galardonados “por su vida hecha obra y por su obra hecha memoria”, y concluyó: “al honrarlos, también nos comprometemos a no olvidar […] a seguir construyendo con sentido”.
El evento fue organizado por la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México y contó con la presencia de autoridades, familiares y amigos de los premiados.
Durante la ceremonia, el ingeniero Francisco de Pablo Galán ofreció un discurso de aceptación en el que repasó su trayectoria profesional y docente, mientras que el arquitecto Augusto Quijano Axle se limitó a un breve agradecimiento, sin pronunciar un discurso.
Es un gran honor, que incluso considero inmerecido. Lo recibo con humildad y con orgullo, ya que representa la culminación de mi vida profesional.
Estudié en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, mi universidad. Desde entonces, tuve la fortuna de convivir con profesores, ingenieros y arquitectos: profesionales íntegros que, con sus recomendaciones y consejos, fueron fundamentales en mi formación. A todos ellos, mi más profundo reconocimiento.De manera muy especial, deseo recordar al ingeniero Daniel Ruiz Fernández: amigo, profesor y compañero de trabajo de toda la vida, cuya memoria perdura. Descanse en paz.
Al terminar mis estudios, tuve la oportunidad de impartir clases en la Facultad de Ingeniería. Fueron 25 años increíbles, dentro y fuera de las aulas, participando en la formación de varias generaciones de jóvenes ingenieros: entusiastas, con deseo de aprender y de contribuir al desarrollo. A todos ellos, reciban un fuerte y fraternal abrazo. Con el apoyo de estos profesionales, he desarrollado mis actividades vinculadas principalmente a la construcción urbana. Participé en la construcción de instalaciones olímpicas, entre las que destacan el Palacio de los Deportes y la Alberca Olímpica. Posteriormente, participé en la construcción y el refuerzo de escuelas en todo el país.
En la UNAM se duplicó la superficie construida y se impulsó el desarrollo del Centro Cultural Universitario, con la Sala Nezahualcóyotl como emblema inicial. En la Ciudad de México, se construyeron vialidades, fuentes y se mejoraron espacios públicos. La ejecución de estos proyectos permitió la colaboración de arquitectos, estructuristas, centros de investigación y laboratorios, que aportaron los más recientes conocimientos en ingeniería civil.
Dedico este premio a mi familia: a mis padres y hermanos, a mis hijos y nietos, y en particular a mi esposa, quien con su apoyo y generosidad siempre me alentó en mi trabajo.
Quisiera terminar con una reflexión. La ingeniería se sustenta en una base sólida de principios y fundamentos, mientras que los procesos tecnológicos evolucionan con el tiempo. En este contexto, la tecnología representa una gran oportunidad para innovar, siempre defendiendo los principios y valores éticos, en beneficio de la sociedad a la que nos debemos.
Hay además un aspecto que me preocupa especialmente: la formación de las nuevas generaciones. No basta con añadir nuevos temas a los planes de estudio actuales; es necesario replantear el programa curricular en su totalidad. Las herramientas y tecnologías están presentes y en constante cambio, pero lo verdaderamente importante es cómo formamos al ingeniero del siglo XXI. Un ingeniero que responda a las necesidades del país y que nos guíe hacia un futuro de desarrollo.
Muchas gracias.