“Ideas en tránsito. No – construidos”, una exposición de Enrique Norten | TEN arquitectos en el Museo Franz Mayer
En el marco de su más reciente exposición en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México, Enrique Norten [...]
31 agosto, 2013
por Alejandro Hernández Gálvez | Twitter: otrootroblog | Instagram: otrootroblog
Entonces, la escuela como edificio es tal vez sólo un recinto, pero su arquitectura es mucho más compleja. El edificio es parte de un dispositivo que produce y reproduce humanos pues, como escribió Jean François Lyotard, nosotros no nacemos humanos como los gatos nacen gatos —con unos minutos de diferencia. Producir un humano no es mero asunto biológico: lleva tiempo. Y la escuela —de nuevo: como un dispositivo y no sólo como edificio— es parte fundamental de ese proceso. Es un espacio, sin duda, pero también uno social, cultural y sobre todo político, en el más amplio sentido del término: como explica Peter Sloterdijk, la política es “el arte de una comunidad humana de repetirse en las siguientes generaciones”. Parafraseando la clásica cita de Churchill: formamos espacios que después nos forman a nosotros, ahí nos conformamos —en varios sentidos: nos damos forma los unos a los otros, nos damos por satisfechos, llegamos a estar de acuerdo. En la política clásica, la escuela es el lugar de la paideia: de la construcción del miembro ideal de la polis; y en la política de las cosas de la que habla Bruno Latour, la escuela es sin duda un sitio privilegiado de la asamblea: uno de esos sitios en los que “hablamos, decidimos, votamos y somos concebidos,” con “su propia arquitectura, su propia tecnología del discurso, su complejo juego de procedimientos, su definición de la libertad y del dominio, sus modos de reunir a los interesados y lo que les interesa”. En la escuela, pues, como edificio y sobre todo como dispositivo en este sentido amplio, la arquitectura se encuentra con una de sus dimensiones políticas, comunitarias y éticas fundamentales.
En su número 65, Arquine toca a la escuela desde varios aspectos. Por supuesto hay proyectos: grandes y pequeños, monumentales y otros básicos —y no sólo por su técnica o su apariencia sino por el papel que juegan: son soportes de lo que vendrá después. Algunos de esos proyectos son ejemplo de una doble enseñanza: han sido realizados por jóvenes en su etapa formativa y el aprendizaje así resulta doble: para el arquitecto en ciernes y para la comunidad con la que trabaja. También se dedican algunas páginas a reflexionar sobre el aprendizaje y la enseñanza desde la arquitectura —para arquitectos o no. Además, en las próximas semanas, en este sitio, iremos ampliando la discusión sobre este tema que, sabemos, es hoy —en general y en particular en México— de particular importancia: la manera como imaginamos ese espacio y esas arquitecturas que sirven para ayudarnos a imaginarnos a nosotros mismos como lo que somos y lo que queremos y podemos ser.

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The scale needs to be balanced. Negative contributions to climate change in architecture remain larger than the projects that aim [...]