8 abril, 2026
por Arquine
Nos encontramos frente a la gran muralla de la acrópolis en Cantona, Puebla, y como describíamos en el artículo anterior, parece a simple vista un farallón inexpugnable que se escalona hacia el cielo, sin embargo, en la cima, casi coincidiendo con el eje geométrico de la plaza, una hendidura en forma de V muestra un pequeño resquicio en el parapeto final y al sur de la plaza, tangente a la esquina configurada por el templo poniente y el templo sur del espacio ceremonial donde nos encontramos, un atisbo de escalinata sugiere el posible camino.

Tomamos la escalinata que inusualmente a lo que estamos acostumbrados a ver en otras expresiones de la arquitectura y urbanismo prehispánico, no asciende en forma monumental y en línea recta hacia el cielo, sino que se tuerce a los pocos metros para subir tangentemente a los taludes que forman la muralla, hasta llegar al punto donde nos encontramos con la hendidura visualizada desde la plaza inferior; durante el ascenso, el juego de plataformas del volumen por el que vamos transitando, se convierte en un juego de recortes que enmarcan la plaza baja, la ciudad, y el paisaje dependiendo del nivel y la perspectiva a donde volteemos.
Ahí, culminando los peraltes, vuelve a haber un quiebre, de tal forma que el recorrido desde el inicio describe un trazo en forma de Z invertida, si volteamos 180 grados con respecto a esa nueva dirección, la V invertida nos abre el panorama a otra dimensión de ciudad: Cientos de volúmenes de diferentes alturas se suceden en un aparente y engañoso caos de formas ya que al final, todas tienen que ver entre sí. Tomamos la senda propuesta por la ruta arqueológica que serpentea entre los primeros volúmenes hasta llegar a una encrucijada que nos permite dos opciones: La primera, continuar el camino ondulante entre parapetos de mediana altura, o ingresar al denominado “Juego de Pelota 5”, primero de los muchos que encontraremos en la visita.
En mi caso, el conjunto del Juego de Pelota 5 y el remate del basamento hacia el este que cierra el espacio en la perspectiva, son demasiado atractivos para no continuar por este espacio. El escenario del juego con sus parapetos que le contienen y la “cancha” son de dimensiones medianas, orientado este-oeste con un ligero esviaje hacia el norte, que tiene que ver con el acimut. La vista hace el este, nos regala una perspectiva en la que una secuencia de plazas y escalinatas remata en el ya mencionado basamento piramidal, dominando el paisaje.
Al recorrer de punta a punta la cancha ésta desemboca en una plaza de dimensiones regulares, y podemos observar que lo que en un principio parecía un alineamiento prefecto del eje, no lo es. Esta plaza es una pequeña antesala, que gira con respecto al juego de pelota para quedar perfectamente alineada oriente-poniente, celebrando los días del equinoccio en primavera y otoño, y la escalinata que nos lleva a la plaza principal donde finalmente se impone el volumen piramidal que sostendría en altura al templo, se encuentra descentrada de su geometría. Al llegar al pie de la escalinata, la perspectiva solo nos mostrará el cielo, hasta que ascendamos para ahora llegar a la plaza del templo, donde la geometría recupera el eje de simetría del espacio, presentando un primer basamento de poca altura, al que hay que rodear para llegar a la escalera central donde podremos ascender hasta la cúspide de la pirámide mayor de este conjunto.
Ahí, en la altura, podemos observar volteando al poniente, el Nido de las Águilas conteniendo el espacio, y la secuencia de plazas hasta el juego de pelota 5 que acabamos de recorrer. Pero también girando 360 grados, la primera percepción panorámica de la maravillosa, infinita y compleja ciudad en la sección de la Acrópolis. Las escalas menores, referentes de las zonas habitacionales ahora de las clases jerárquicas, se suceden con los volúmenes piramidales de los templos, que van determinando las distintas plazas ceremoniales, y entre unas y otras manifestaciones arquitectónicas se asoman en el lejano paisaje las montañas circundantes ¡¡Esto es solo el inicio!!

Al descender, la señalética nos indica continuar por una calle parecida a aquella de la zona habitacional baja: dos muros bajos de piedra a los lados, un pavimento del mismo material, ya que estamos sobre una cama de lava, que nos facilita el tránsito. Esta senda recorre una seria de patios en los que la vegetación cubre aún los elementos arquitectónicos, mientras un bosque de yucas, habitantes que han reclamado el sitio para sí, nos acompaña en la travesía hasta llegar donde se encuentra el denominado juego de pelota 6. Él conjunto repite el esquema de chancha, plaza y templo a lo largo de un eje, pero en esta ocasión la orientación es de sur oeste a noreste, relacionada con los solsticios de invierno y verano, además de que la estructura del juego, es muy pequeñita.
Ahorraremos tránsitos en la narrativa, pero el camino terminará por ubicarnos frente al conjunto que inicia con el juego de pelota 7. En cuanto a escala, secuencia en la dimensionalidad de los espacios, y los acentos que la naturaleza aporta, donde ahora las yucas ceden protagonismo a los pinos, es uno de los sitios más ricos de toda la ciudad en suma de experiencias y sensaciones.
Su orientación, de poniente a oriente con un ligero esviaje hacia el sur, repite la secuencia en este sentido de cancha, plaza de transición y plaza principal, pero se enriquece con otra plaza de menor tamaño al norte, en donde, algo oculta, se ubica la cancha de juego de pelota más pequeña que he visto en mi vida. En el trayecto, el paso entre un espacio a otro va cambiando de altura, mínimamente entre la cancha de pelota y la plaza de transición, y varios peldaños entre ésta y la plaza principal, lo cual genera horizontes y perspectivas de tensión muy relevantes. La plaza norte comparte nivel con la principal, al menos sensiblemente. Cientos de detalles, como pequeñas escalinatas en los taludes del juego de pelota, intersecciones entre las plazas, juegos de siluetas y planos, van enriqueciendo minuto a minuto la visita.

La salida del conjunto correspondiente al juego de pelota 7 prepara el último punto de la ruta hacia el este: La plaza oriente y la denominada Pirámide del Mirador. Para no aburrir a nuestras y nuestros lectores con reiteraciones inútiles, este espacio representa el extremo opuesto de la acrópolis en relación con el acceso desde la muralla, y nos brinda una experiencia visual que domina el valle, una gran extensión de ciudad aún sin desmontar, cubierta por yucas y otras plantas desérticas, y una espectacular panorámica de las siluetas volcánicas de la Sierra Madre Oriental.
Toca regresar, la misma vereda que nos permitió alcanzar la Pirámide del Mirador, deambula entre el ya narrado conjunto del Juego de Pelota 7 y un sistema de plataformas ya exploradas, pero sin acceso al público aún. Si algún día llega a tenerlo, por lo que se ve en el trayecto, aumentará la cantidad de experiencias vitales del sitio. La ruta nos revela pequeñas escaleras que rompen las plataformas, sendas que bifurcan por entre los niveles, intersecciones perspectivas que van sumándose en la fuga visual por el camino, fracturas en algún muro para señalar un paso entre un espacio y otro, jugando entre el positivo y negativo. Todo acotado por una vegetación alucinante, que se transforma según la época del año.
Al término de la senda, y cuando creemos que solo toca tomar la salida, Cantona nos sorprende con otro momento de espectacularidad espacial: La intersección entre la plaza y templo de la Fertilización, con un juego de pelota adosado al extremo sur de la pirámide, y la denominada Plaza hundida sur, negativo del volumen, en positivo, de la llamada Pirámide El Palacio.
Intentar describir con palabras la dinámica entre estos dos puntos es inútil. Tránsitos, horizontes, siluetas, detalles monumentales y sutilezas de pequeña escala se conflagran entre pinos y yucas, zacates, nopaleras y cientos más de cactáceas. Relaciones entre un templo con el otro, culminadas por coronaciones del paisaje, plataformas que parecen curvas de nivel topográfico, grietas, encuentros y desencuentros quedan abiertos a la sensibilidad de quien visita y su ansia de exploración y descubrimiento. Hay quienes solo se paran a sacar la “selfi”, y siguen de largo… y abemos quienes sentimos un profundo dolor por tener que partir de ahí, y una enorme nostalgia por regresar.
Para coronar la visita, la senda de regreso al estacionamiento, nos muestra nuevamente un espacio especial, para observar la zona habitacional baja visitable, en todo su esplendor.
Dejo que las fotos finales al término de este texto, les ilustren breve y pobremente, la magnificencia del sitio, con la esperanza de transmitir lo mínimo indispensable, para despertar su curiosidad, y el interés de ir a explorar lo desconocido.
Cantona pone en crisis lo que sabemos de Mesoamérica y su compleja civilización, nuestro conocimiento siempre es menor a lo que suponemos; donde menos esperamos, puede surgir una ciudad de escala monumental, diferente a todo lo que conocíamos, especialmente en esos momentos que abarcan el Horizonte Clásico, el Epiclásico y el Postclásico temprano, antes de los Toltecas, antes de los Mexicas. La mente abierta a construir el conocimiento, usa el pasado como herramienta, no como escenario estático y melancólico de glorias pasadas, y construye alternativas hacia lo que venga.
