Columnas
Hugo González Jiménez (1957–2021)
Hugo González Jiménez nació en Guadalajara en 1957. Se inscribió en la Escuela de Arquitectura del Iteso hacia 1975 y [...]
2 enero, 2017
por Juan Palomar Verea
Alejandro Zohn, entre nosotros, de repente se inscribía en el brutalismo, dentro de su versión más refinada: el Archivo del Estado, por ejemplo, por avenida Alcalde.
El estacionamiento de las llantas de concreto tiene una particularidad: es, virtualmente, un monolito, ya que su espiral de hormigón se extiende sin interrupción desde el nivel de la banqueta hasta su último piso. Esto, por lo menos le presta cierta integridad y consistencia a la gran mole. Más o menos recientemente se le quiso agregar un techo de corriente lámina que quedó a la mitad, todavía más arriba. Ojalá que atinen a quitárselo.
De cualquier manera, y por más benevolencia que se aplique, el estacionamiento sigue siendo tan espantoso hoy como en su primer día. Es tan malo que, por pura perversidad, pudiera ser bueno. Es una gravísima anomalía del centro, (no tan) increíblemente permitida por el Inah y demás autoridades. Afortunadamente, los coches van en irremisible salida. En algunos años las instancias locales, siguiendo, como siempre tardíamente, las enseñanzas de ciudades más avanzadas, terminarán por limitar drásticamente el acceso de los vehículos particulares al primer cuadro citadino. Por elemental sobrevivencia.
¿Qué se hará entonces de tanto estacionamiento? ¿Qué pasará con el “Michelin” de concreto que nos ocupa? Fácil: un edificio mixto. Dos plantas de comercio, servicios y oficinas. Y lo demás de viviendas. Gracias a su sencilla planta y a lo suave de la pendiente continua es perfectamente posible hacer adecuadas plataformas ligeras y otros ajustes con lo que el edificio se adecuará a las nuevas y mucho más benéficas funciones.
Tenemos, como ciudad, que ver cómo componemos tanto destrozo. Los edificios de estacionamientos del centro han sido, en su mayor parte, una agresión frontal a la imagen patrimonial y al sano funcionamiento de la ciudad. Es hora de, paralelamente al ordenamiento de la movilidad, ir viendo cómo se habrán de reciclar estas estructuras. Adaptaciones, demoliciones parciales, reusos inteligentes. Con el estacionamiento redondo, el tremendo y rotundo “Michelin” de concreto por delante. Hugo González Jiménez nació en Guadalajara en 1957. Se inscribió en la Escuela de Arquitectura del Iteso hacia 1975 y [...]
El muy famoso en su tiempo Pelón de la Mora fue un arquitecto de excepción, un humorista consumado y un [...]