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El lenguaje de las ciudades

El lenguaje de las ciudades

30 junio, 2020
por Carlos Lanuza | Twitter: carlos_lanuza_

“En el mundo moderno, una definición importante de una ciudad podría ser aquel lugar que permite a los homosexuales vivir como ellos decidan, igual que ofrece también tolerancia para los religiosos y, como sugiere Whitman, da la bienvenida a ciudadanos de todas las naciones y razas.

Deyan Sudjic, El lenguaje de las ciudades.

Encontrar una definición que haga justicia a todo aquello que llamamos ciudad hoy en día resulta arduo, o por lo menos es lo que nos dice Deyan Sudjic en su libro El lenguaje de las ciudades (Ariel, 2017). En el primer capítulo Qué es una ciudad, Sudjic no intenta entrar en una taxonomía de lo urbano, más bien elabora una idea de lo que hace algo una ciudad mencionando ejemplos diametralmente opuestos, y poniendo en evidencia a través de todas sus aristas lo que las caracteriza. 

Sudjic es capaz de hilar un discurso sobre las ciudades a través de una lectura transversal que trasciende al público especializado sin recurrir a la simplificación, enriqueciendo las nociones sobre cultura urbana. Al igual que en su libro B de Bauhaus, hace un recorrido a través de ejemplos que conoce no sólo por percepciones generales sino también por un entendimiento profundo de lo que trata. Además, se sirve del tiempo para discernir y dilucidar preocupaciones que nos atañen hoy en día, porque la cuestión urbana necesita tiempo para ser comprendida, asimilada y explicada.

Hablar de los mecanismos por los cuales se generan, transforman y se destruyen las ciudades tiene una relevancia constante. Como profesionales, es imprescindible entender que las ciudades también son “conformadas por los ingenieros que proyectan los sistemas de alcantarillado y sus calles, por los abogados que establecen los estatutos que rigen las políticas territoriales, por la legislación política que le da forma a su desarrollo, por constructores y promotores… Las ciudades están formadas tanto por ideas como por cosas.” El arquitecto que “hace ciudad” no es más que un pequeño eslabón en la cadena.

Estos mecanismos de producción de la ciudad son determinantes para comprender cómo las acciones políticas y económicas no sólo de los gobiernos, sino también de las empresas condicionan nuestra manera de vivir. Sobre todo en tiempos en los que la inversión privada parece prevalecer sobre las actuaciones públicas en la ciudad. Urbes como Nueva York o Londres son un claro ejemplo de esto, con viviendas de lujo desocupadas en sus centros, son utilizadas como un elemento especulador, negando el principio fundamental de la vivienda a la vez que los vacían.

Existe un serio problema cuando es el capital privado quien determina cómo se hace ciudad, porque el interés primordial será la generación de un beneficio económico por encima del bienestar social. La idea de que los espacios públicos, por ejemplo, sean gestionados por empresas privadas no tienen ningún fundamento ya que lo privado va siempre ligado al consumo. Sudjic lanza advertencias claras en tales casos, “cuando las calles están saturadas de centros comerciales, cuando la vivienda social asequible está en desequilibrio respecto a las viviendas destinadas a inversores extranjeros, cuando los talleres se desplazan a parques industriales remotos, la ciudad se simplifica”.

Este libro es un toque de atención a todos los que habitamos la ciudad, tanto al ciudadano de a pie como al funcionario encargado de tomar decisiones, a los políticos, empresarios e inversores. Hace falta entender cuáles son los mecanismos ocultos en la producción de la ciudad para saber cómo podemos actuar para el beneficio de todos. Los tiempos inciertos se han convertido en el pan de cada día, agudizados por momentos como la actual crisis. Son momentos que muchas ciudades están aprovechando para cambiar la manera cómo vivimos, como en Milán o Barcelona, donde se está recurriendo el urbanismo táctico para dar soluciones temporales ante la epidemia causada por el COVID-19.

Adaptación de las calles de Barcelona para crear más espacio para peatones y bicis

Deyan utiliza Barcelona y Bilbao como ejemplos exitosos de operaciones urbanas que influenciaron la manera de hacer ciudad en el pasado. Pero la ciudad no se reduce a una fórmula, hoy en día este tipo de operaciones siguen queriendo ser aplicadas por franquicias museísticas intentando simplificar su implementación. En la misma Barcelona, por ejemplo, actualmente existe un proyecto para construir una filial del Museo Hermitage en el frente marítimo. Este proyecto no sólo no toma en cuenta la normativa existente de no construir en el litoral, sino que -no con poca ironía- apela a la misma globalización como elemento catalizador de fuerzas, olvidando de manera interesada que en todas las ciudades se debería dar prioridad a la industria cultural local para poder generar entornos urbanos responsables.

Como bien dice Sudjic y parafraseando una de sus tesis, no es que las ciudades simplemente construyan museos con la esperanza de que eso las haga exitosas. Las ciudades que salen adelante son aquellas que tienen raíces culturales que son lo suficientemente creativas tanto para llenar museos como para construirlos. Aún en tiempos de crisis, las instituciones culturales quieren sacar rédito de una marca en detrimento de la calidad de las ciudades. Hay muchas maneras de colaborar y unir lazos y, quizás, seguir construyendo no sea la más adecuada. Lo que sí se podrían construir son planes culturales que potencien la infraestructura existente para generar nuevos valores, en lugar de replicar viejas fórmulas no sólo de franquiciado, sino también de esa arquitectura que sólo tiene preocupaciones formales y que vemos replicada —como restaurantes de comida rápida— en México o en Taiwan.

Es de vital importancia estar atentos a estas decisiones, finalmente nos estamos dando cuenta de que existimos en un mundo donde todos estamos interconectados, y que las acciones de uno repercuten en todos. Las ideas presentadas en este libro se hacen eco con otras expuestas en Delirious New York, escrito por Rem Koolhaas, o algunos textos de Andrés Jaque en Mies y la gata Niebla. Todos nos ayudan a tener una idea más clara de cómo funcionamos como sociedad y cómo esto se refleja en la ciudad.

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