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El humo de espaldas

El humo de espaldas

21 abril, 2014
por Andrea Griborio | Twitter: andrea_griborio | Instagram: andremonida

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Tampoco los presos lo hubiesen visto. En Valparaiso el paisaje del pacífico atrae como un imán, parece que la ciudad te obliga a mirar siempre al mar, a esperar pacíficamente el arribo a puerto de la carga, de la gente. La ciudad ocupa los cerros como quien se sienta expectante en las gradas de un anfiteatro, habita la montaña con la mirada al mar, aunque pareciera que mientras, más abajo, sobre el plano, es menor la percepción del escenario, la escenografía y la escena. Se pierde la perspectiva. En el único cerro que contiene una planicie y rodeado por cementerios, los presos solían aprovechar el plano que les regalaba la topografía para jugar al fútbol ante un privilegiado paisaje. Valparaíso, el pasado Domingo de Ramos, estaba bañada de una extraña filigrana color hollín que llovía lentamente para tapizar las calles. Quizás eran esos extraños cuerpos los que de alguna manera obligaban a voltear la mirada para encontrar detrás y en lo alto de los cerros el humo que en esos momentos consumía la ciudad portuaria chilena. Con el humo a las espaldas, la ciudad parecía permanecer inerte a la tragedia. Hace unos días el presidente del Colegio de Arquitectos de Chile publicaba en su columna en el principal diario de ese país un texto al respecto; decía: “Chile aprende de sus catástrofes. Cada golpe significa tomar conciencia de los riesgos que presenta el territorio, para reinventarse y perfeccionarse”. Quizás es esa estrecha y compleja relación con un territorio de iguales características lo que ha determinado la manera de la arquitectura chilena.

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Inaugurado en 2011 y en la cima del cerro cárcel, se ubica lo que  podría estar entre las mejores obras públicas de arquitectura en Chile. El Parque Cultural Valparaíso es la reconversión de la antigua cárcel en recinto cultural. Se realizó un concurso público para este proyecto, resultaron ganadores Jonathan Holmes, Martin Labbé, Carolina Portugueis y Osvaldo Spichiger (HLPS) por la astucia con la que logran incorporar contemporaneidad en el puerto colonial al  reconvertir la antigua cárcel y rescatar la gran planicie en altura. Resulta contradictorio encontrar dentro de este aislado espacio, un oasis a partir de este plano abierto. El recorrido empinado del cerro, necesario para el arribo, se contrapone con la planicie que se despeja para ofrecer un remanso en las alturas. Un nuevo horizonte que confinado en un perímetro ofrece nuevas relaciones con el mar y con los cerros que aun se erigen a espaldas del centro. El proyecto conserva el antiguo pabellón de los reos. Su aspecto y contundencia dan la bienvenida para a su vez convertirse en uno de los volúmenes que abraza al gran espacio público que el proyecto rescata. En su interior el programa surge como volúmenes elevados que componen nuevas relaciones y preservan el espacio libre construido. A su vez, un nuevo edificio se erige con destreza para concentrar las salas de exposición y otras actividades del parque cultural, manteniendo la idea de una circulación perimetral donde se da prioridad al paisaje, escenario del proyecto, y a ese espacio público central convertido en el gran remanso que, desde las alturas, ofrece la oportunidad de un nuevo horizonte donde volcar la mirada 360 grados, para “reinventarse y perfeccionar” las relaciones con el espacio. Para poder ver de frente el humo, inicio de un nuevo aprendizaje.

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