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Contar una historia a escala

Contar una historia a escala

La Cuadra, una de las grandes obras de Luis Barragán (1902–1988), se sitúa en Los Clubes, Ciudad López Mateos. Se trata de una finca privada que forma parte del conjunto de Las Arboledas, un proyecto concebido con el fin de crear un desarrollo urbano alejado del caos de la Ciudad de México, orientado a un estilo de vida campestre que conectara la arquitectura con el paisaje. Fue construida a finales de la década de 1960 y fue ideada por el maestro Barragán como su penúltima obra, posterior a Las Torres de Satélite y al Convento de las Capuchinas, y previa a la Casa Gilardi.

La Cuadra fue habitada durante muchos años por la familia propietaria como casa residencial. Tras su adquisición por Fernando Romero y la restauración a cargo de Jorge Covarrubias, este mes de febrero La Cuadra abrió finalmente sus puertas al público como centro cultural, con la exposición Barragán en Barragán, acompañada por una intervención artística de Félix González-Torres.
La exposición se manifiesta principalmente a través de maquetas, debido a la escasez de material fotográfico, lo que otorga mayor fuerza a la representación tridimensional y al uso de la escala.

“Barragán en Barragán” es una exposición tan compleja como desafiante, pues, como afirma su curador Jorge Covarrubias, “fue todo un reto hacer una exposición de Barragán en una obra de Barragán sin quitarle protagonismo a la obra misma”. Esta premisa abre la puerta a cuestionar tanto la exposición como el lugar en el que fue concebida. La muestra analiza sus primeras edificaciones modernistas en la Ciudad de México, así como algunas de sus obras más icónicas: la Casa Prieto López, la Casa Gálvez, la Casa Gilardi, la Casa Estudio Barragán, el Convento de las Capuchinas, Las Torres de Satélite, la Fuente del Bebedero y La Cuadra San Cristóbal.

Luis Barragán, originario de Guadalajara, nació en una familia profundamente arraigada al campo y a la religión católica, lo que le otorgó una sensibilidad especial hacia lo rural y los caballos. Posteriormente realizó sus estudios en Ingeniería Civil en la Escuela Libre de Ingeniería de Guadalajara. Al finalizar su formación, migró a la Ciudad de México en 1936, donde inició su práctica arquitectónica construyendo edificios de vivienda en la colonia Cuauhtémoc. En 1957, Mario Pani comisionó a Barragán para crear un elemento que resaltara la entrada a Ciudad Satélite, una nueva zona residencial en Naucalpan de Juárez. Fue Barragán quien invitó a Mathias Goeritz a colaborar y juntos diseñaron las icónicas Torres de Satélite. Ese mismo año, Barragán y un grupo de inversionistas fundaron la empresa Las Arboledas, S. A., el complejo residencial donde se ubica La Cuadra. El interés de Barragán por el urbanismo y la planeación de zonas residenciales dentro de la metrópoli lo llevó a escribir el artículo “Cómo deben desarrollarse las grandes ciudades modernas”, en paralelo a proyectos como Jardines del Pedregal.

Al iniciar el recorrido por la exposición, aparecen algunos de los primeros proyectos del arquitecto, como el edificio para artistas y el complejo departamental frente al Parque México, acompañados por maquetas y una fotografía del contexto urbano de la Ciudad de México de aquella época. Esto permite comprender a un joven Barragán, aún en blanco y negro, y el inicio de su expresión arquitectónica. La segunda sala presenta una maqueta de gran formato de la Casa Prieto López y la Casa Ortega. Esta sala narra la relación de Barragán con los jardines y algunas de las referencias que lo llevaron a crear Jardines del Pedregal, como el texto “Gardens for Environment”, publicado en 1952. Un detalle notable de esta sala es la presencia de un cuadro de Dr. Atl, que alude a la erupción del volcán Xitle sobre el Pedregal.

En la tercera sala, la más interesante en nuestra opinión, se muestra la maqueta de la Casa Estudio Barragán. Jorge Covarrubias la representa como una extracción, separando el estudio del maestro de la vivienda, e incorporando cortes que permiten al espectador asomarse a la vida cotidiana de Barragán. La gran escala de las maquetas posibilita un nivel de detalle excepcional, como ocurre con la maqueta de la Capilla de las Capuchinas, que gracias a su sección permite apreciar el juego de luces y alturas tanto en la obra como en su representación. La maqueta genera una auténtica experiencia religiosa, con la excepción de un foco mal colocado en el techo que proyecta una luz blanca directa sobre la fachada. En palabras del curador: “La pieza más importante de la exposición”.

La exposición continúa con la maqueta de la Casa Gálvez, una de las obras más refinadas de Barragán, en la que prescinde del uso de vigas de madera. La maqueta extrae el comedor y las recámaras para enfatizar el patio interior y su espejo de agua, mostrando cómo la luz y el reflejo interactúan con el espacio y lo tiñen de tonos rosados. Le sigue la maqueta de la Casa Gilardi, la última obra de Barragán y quizá la más artística. Esta pieza enfatiza el pasillo y la alberca como sus elementos principales, generando múltiples vistas que resaltan su cromática amarilla.

Esta misma cromática continúa en el pasillo que conduce a la cuarta y última sala. En él, se presentan algunos de los referentes de Barragán representados en planta, como el Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe y el Salk Institute de Louis Kahn, una figura clave en la construcción de La Cuadra. En 1966, Barragán visitó el Salk Institute junto a Kahn, influyéndose mutuamente a lo largo de sus trayectorias. Este pasillo logra situar a Barragán en el tiempo. El recorrido conduce a la siguiente sala, donde se encuentra la maqueta de Las Arboledas, cuya restauración también estuvo a cargo de Jorge Covarrubias. Este espacio representa la relación entre la arquitectura escultórica y la naturaleza circundante, así como el vínculo de Barragán con los caballos. El proyecto está pensado a escala de los árboles: muros de hasta 15 metros permiten que los árboles, de aproximadamente 30 metros, sigan siendo el elemento dominante y se reflejen en los muros. Se genera así un efecto sublime entre arquitectura y flora, descrito por el término japonés komorebi.

En la quinta y última sala, cuya altura varía respecto a las anteriores, se encuentran las Torres de Satélite. La maqueta produce un efecto cinético que se transforma con el recorrido, similar al que generan las torres reales, concebidas para ser vistas desde el automóvil. La exposición culmina con la gran maqueta de La Cuadra San Cristóbal, colocada frente a un ventanal que da hacia la explanada principal, creando una sinergia entre maqueta y estructura. Esta pieza se acompaña del discurso de aceptación del Premio Pritzker de Barragán, en el que cita el siguiente poema del poeta mexicano Carlos Pellicer:

Por los ojos el bien y el mal nos llegan.

Ojos que nada ven, almas que nada esperan

La experiencia de visitar la exposición “Barragán en Barragán”, acompañada de las palabras de Jorge Covarrubias, en un lugar tan emblemático como La Cuadra, resultó ser un ejercicio profundo de entendimiento. El reto de montar una exposición sobre Barragán dentro de una obra suya fue ejecutado de manera notable, con la excepción de uno que otro árbol en maqueta y el sobre uso de anglicismos. Una exposición única, en un lugar surrealmente especial.

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