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Cine en la luz: la experiencia de Sofía Betancur en Lights in Alingsås 2025

Cine en la luz: la experiencia de Sofía Betancur en Lights in Alingsås 2025

9 diciembre, 2025
por Arquine

Cada otoño, el pequeño pueblo sueco de Alingsås se transforma en un laboratorio de experimentación lumínica a cielo abierto. Desde hace más de dos décadas, Lights in Alingsås reúne durante una intensa semana a diseñadores de iluminación, profesionales y estudiantes de todo el mundo para crear instalaciones temporales que ocupan el espacio público y permanecen activas durante un mes entero.

En su edición 26, titulada “Movies in Lights”, el festival invitó a reflexionar sobre el cine como experiencia colectiva y sensorial: el silencio previo a la proyección, la anticipación, los rostros iluminados por la pantalla, la memoria emocional de una película compartida. Bajo esa atmósfera, Sofía Betancur, estudiante del Posgrado en Lighting Design de Arquine y la Universidad Politécnica de Cataluña, participó gracias a la beca otorgada por Lightecture.

Su experiencia fue, en sus palabras, “una inmersión absoluta en el proceso: conceptualizar, experimentar, diseñar, montar y programar, tomando decisiones en sitio todo el tiempo”.

A diferencia de otros festivales lumínicos donde las piezas llegan ya resueltas, Lights in Alingsås apuesta radicalmente por el proceso. Solo el tema anual y la ruta del recorrido están definidos por Alingsås Energi; todo lo demás se decide y se construye durante una semana. El primer día inicia en el Gran Hotel de Alingsås, donde los organizadores explican el protocolo de trabajo, la logística y las medidas de seguridad. Cada participante recibe dos capas térmicas y un chaleco reflectante que debe usar en todo momento: se trabaja de día y de noche, muchas veces hasta las 2:00 de la mañana, sostenidos por el ritual sueco del fika: café, bebidas calientes y algo dulce.

Una de las primeras sorpresas de Sofía fue descubrir la existencia de licenciaturas en Lighting Design en países como Suecia y Alemania, lo que significa que muchos participantes son muy jóvenes y ya cuentan con formación técnica especializada, pero sin intereses en la conceptualización de un proyecto. Para ella, proveniente de una escuela con énfasis conceptual como la UPC, el intercambio enriqueció la dinámica de trabajo: “Fue muy evidente que nosotros partimos del concepto, mientras que otros querían resolver técnicamente la propuesta desde el inicio”.

Sofía eligió integrarse al equipo dirigido por Niken Wulandari Sutanto (Indonesia/Alemania) y Meta Romanens (Suiza), quienes habían participado en Lights in Alingsås en 2016 siendo estudiantes y regresaban ahora como Workshop Heads. Para ellas, el taller es un espacio de “exploración, experimentación y educación”. Su enfoque se distingue por acompañar a los estudiantes a conceptualizar y codiseñar, en contraste con líderes que llegan con una propuesta cerrada.

El equipo reunió a varios lighting designers (Bettymaya Foott, Asia Minutolo, Elisa Robin, Ingrid Stenvall, Sofía Betancur, Noah Wickman, Mika Wenroth) y varios electricistas (Mandus Carlstedt, Mille Eliasson, Arvid Ragnemalm, Vidar Nygren Rosén, Kevin Sultan). Uno de los momentos más emocionantes del primer día es entrar al enorme almacén donde se guarda el archivo de luminarias del festival: más de veinte años de equipos reutilizados, además de los productos que cada líder solicita a las marcas colaboradoras. Todo el sistema de control se basa en DMX, lo que permite diseñar escenas, secuencias y atmósferas detalladas.

El sitio asignado al equipo de Niken y Meta era un tramo del río de Alingsås ubicado entre dos puentes, con árboles de un lado y viviendas del otro. Ante ese paisaje, el grupo desarrolló el concepto de dos universos conectados por un portal, tomando como referencia la narrativa de Star Wars. El azul representaba “el lado luminoso”, el rojo “el lado oscuro”, y al centro se colocó un portal circular que funcionaba como umbral entre ambos mundos.

La estructura del portal —una gran trabe circular previamente diseñada por Niken y Meta— se transformó, con la experimentación colectiva, en una reinterpretación de las dos lunas de Star Wars. Parte del trabajo consistió en probar distintos materiales y revestimientos para lograr los efectos deseados con las luminarias disponibles, siempre en diálogo con el reflejo del agua, la vegetación y la oscuridad del entorno. Un reto clave fue controlar la contaminación lumínica hacia las casas del borde del río, lo que implicó ajustar ángulos, intensidades y difusiones durante largas sesiones nocturnas de prueba.

Una vez definido el concepto, cada equipo presentó su propuesta a los organizadores del festival, revisando tanto la narrativa como la viabilidad técnica: las instalaciones deben funcionar durante cinco semanas bajo las condiciones climáticas del otoño sueco. Las luminarias solo se fijan de manera semi-permanente después de dos o tres noches de pruebas. Cada una debe ir asegurada a un bloque de concreto, y este a su vez al punto de anclaje: árboles, piedras, muros. El presupuesto asignado para cada instalación puede llegar a los 50,000 euros, incluyendo equipo lumínico, sonoro y sistema de control.

Aunque una parte del taller consiste en aprender a conectar y programar en la app de control DMX, en el caso del equipo de Sofía la programación quedó para el final: “Todo el tiempo lo dedicamos a experimentar, a construir, a entender la relación del espacio con la luz. La programación llegó al final, casi como un remate necesario después de tantos descubrimientos”.

Para Sofía, lo más valioso de Lights in Alingsås fue confirmar que su formación conceptual la preparaba para enfrentar procesos complejos de diseño. Más que un festival, Lights in Alingsås es un territorio temporal donde la luz se vuelve lenguaje común: une a diseñadores con trayectorias muy distintas, genera comunidad y permite, por unas semanas, que un pueblo entero viva dentro de una película.