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Columnas

Arquitecturas prematuras

Arquitecturas prematuras

8 enero, 2014
por Pedro Hernández Martínez | Twitter: laperiferia | Instagram: laperiferia

¿Sería saludable que un edificio en la ciudad ofrezca todas las comodidades para los que, irremediablemente, van a saltar?”

Agustín Fernández Mallo sobre “La torre para suicidas”

Actualmente en el Museo Reina Sofía, en Madrid, se está llevando a cabo una exposición llamada Mínima resistencia que repasa las prácticas artísticas durante las décadas de los 80 y 90. Comisariada por el director del museo, Manuel Borja-Villel, la jefa de Colecciones del mismo, Rosario Peiró, y la historiadora del arte Beatriz Herráez, la exhibición abarca distintos temas abordados por el arte de ese periodo y que analiza cuestiones que van desde lo económico, el cuestionamiento del arte, las prácticas colectivas, la memoria, el cuerpo, la cuestión del genero, los medios y cultura de masas e, incluso, lo arquitectónico, exponiendo un cuestionamiento de la misma –desde la institución al lenguaje– realizado en aquel periodo.

Pero más que detenerme aquí en desarrollar y analizar toda la exposición –por otro lado bastante extensa para este texto y que ocupa casi una planta completa del museo– me gustaría detenerme exclusivamente en una pieza. Entre todo lo expuesto, tal vez por mi propia formación arquitectónica, me paré y detuve un tiempo considerable ante el trabajo de Isidoro Valcárcel Medina. Este artista, que empezó pero no acabó la formación de arquitectura, desarrolló durante esas décadas un trabajo que se apropiaba directamente del lenguaje arquitectónico. Aplicando de forma directa sus formas de representación a través del uso de plantas, alzados, secciones y detalles constructivos, así como de descripciones materiales y rótulos realizados con plantillas, sus Arquitecturas prematuras (1984-1992) parecen, a primera vista, una serie de planos arquitectónicos, realizados a mano, que presentan edificaciones similares a otras tantas arquitecturas de ese momento. Es una mirada con detenimiento cuando uno puede encontrar que algo extraño aparece en todas ellas. En primer lugar, nombres como Torre para suicidas, Edificio para parados o Colonia de chabolas resultan de por si raros. Las plantas y detalles confirman que no nos encontramos ante un ejemplo más. Así, su Museo de la ruina es un edificio pensado para colapsar en cuanto acabe su construcción, su Cárcel del pueblo contiene una prisión dentro de un edificio de viviendas, su Ocupa y resiste, ofrece una fachada a modo de trampantojo que oculta una ocupación (quizás ilegal) de un edificio.

Valcárcel Medina al referirse a ellas dice que son proyectos que no son utópicos ya que son posibles de construir y desarrollar pero que “necesitarían, para ser viables, otra época y otra mentalidad, es decir, son prematuros”. Su intención es “devolver al ciudadano la posesión de los espacios que habita” (1) cuestionando no ya lo arquitectónico sino aquello que afecta a lo político y que se manifiesta en la arquitectura. Medina expone una arquitectura funcional y realizable pero poco viable, que abre las puertas a preguntarse sobre la capacidad de la arquitectura de posibilitar (o impedir) acciones y modos de vida, son “proyectos que se limitan a poner a las claras la evidencia”. Una arquitectura de “mínima resistencia” que no busca tanto desarrollarse como exponer y sacar a la luz ciertos debates, y evidenciar la contradicción entre el espacio arquitectónico y las instituciones o estructuras que lo desarrollan: “Eran ideas que se expresaban arquitectónicamente, pero que podían hacerlo en otro lenguaje. El uso de los planos, y, sobre todo, de unos planos tan ortodoxos, es un recurso no menos irónico que las ideas mismas en ellos testimoniadas. La finalidad de esta arquitectura no es más que meter el dedo en la llaga del poder; el cual, pudiendo hacer no mueve un dedo, y se regocija en su propia inmundicia”.

Una arquitectura aparentemente normal que despliega un discurso mayor: ¿en qué medida la arquitectura se relaciona con discursos hegemónicos? ¿a quién sirve un proyecto? Y en otro orden, y más allá de la utopía: ¿cuál es el límite de lo que un arquitecto puede proyectar?

WP_20140102_031Cárcel del puebloWP_20140102_032 Edificio para paradosWP_20140102_033 Ocupa y ResisteWP_20140102_034 Museo de la ruina

1) esferacritica2013.blogspot.mx

 

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