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Entrevistas

Alejandro Echeverri, Premio Obayashi 2016

Alejandro Echeverri, Premio Obayashi 2016

23 noviembre, 2016
por Arquine

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El arquitecto, urbanista y académico colombiano Alejandro Echeverri –partícipe en la transformación de la ciudad de Medellín– fue anunciado como ganador del Premio Obayashi 2016 que concede la Fundación del mismo nombre en Japón.

El jurado destacó la responsabilidad ética del colombiano desde el diseño urbano a fin de contribuir a una sociedad mejor, así como su liderazgo al frente de equipos multidisciplinares con un trabajo enfocado en territorios emergentes que tienen importantes retos frente a la informalidad, la exclusión y la inequidad, y están inmersos en realidades complejas e inestables.

Así mismo destaca que el principal interés del arquitecto “ha sido el desarrollo de procesos con proyectos arquitectónicos o urbanos como la columna vertebral para el desarrollo social y territorial que, a través de la innovación en los instrumentos utilizados, desarrolla un ecosistema flexible donde se conectan gobierno y comunidad”.

Alejandro Echeverri participó recientemente en el Simposio por el Derecho a la Ciudad celebrado en la Ciudad de México donde, aparte de explicar su experiencia, proyectos y trabajo, conversó con Arquine en torno a la necesidad de desarrollar, desde gobierno y ciudadanía, una ciudad inclusiva.

Christian Mendoza (CM): Mencionabas en la conferencia que la violencia modifica el espacio público, ¿crees que también anula el derecho a la ciudad?

Alejandro Echeverri (AE): La violencia tiene consecuencias directas e indirectas catastróficas, el retrato de eso es la vida cotidiana, por lo cual, obviamente tiene que ver con el derecho de la ciudad. En el caso de Medellín, nosotros fuimos perdiendo por años el derecho a vivir normalmente, a encontrarnos, a mirarnos los ojos, a tener confianza en el otro, a entender que la ciudad es un espacio de construcción cívica y social. Y eso es un derivado de la realidad que hemos vivido sobretodo en los años 80, 90, inclusive en el 2000. Una realidad violenta producida por la combinación entre el narcotráfico, ilegalidad, y en el caso colombiano, también por las guerrillas urbanas. Los barrios se convirtieron en un territorio de poderes de las milicias y de mercados ilegales que trataban y han tratado de controlar ese territorio. Entonces las personas se vieron obligadas a pensar que tenían que encerrarse cada vez más y el retrato de eso es la calle, la plaza, la pequeña esquina, el espacio público. Entonces sí, tiene que ver con el tema del derecho a la ciudad y la violencia.

(CM): Si se alteran todas la nociones de adentro/afuera, es decir, que sólo adentro podías estar seguro y no en la calle ¿cómo empezaste a diseñar durante la gestión de Sergio Fajardo ese afuera? Hablabas que el edificio no es lo importante, sino el itinerario social. A partir de la arquitectura ¿cómo comenzaste a diseñar ese itinerario social?

(AE): La ciudad empezó a cambiar y no me gusta hablar con el título personalmente únicamente. Claro, he ayudado y sido parte de un momento en el cambio de Medellín; pero, las historias no cambian porque un gobernante llegue o porque alguien invente una fórmula mágica. Lo que ha pasado en Medellín es un proceso largo de sensibilización y proximidad con la realidad. Esas obras literarias y registros de testimonios poéticos, que son las películas de Víctor Gaviria, el libro de Fernando Vallejo La Virgen de los Sicarios y de alguna manera el libro de Alonso Salazar No nacimos pa’ semilla. La cultura de las bandas juveniles en Medellín que se escribieron entre 1993 y 1995, fueron retratos de personas con una potencia intelectual muy importante, con la capacidad de traducir un momento desde una sensibilidad distinta; de traducir a muchos una realidad, eso empieza a producir un cambio muy grande en el pensamiento. Desde el año 94, cuando comenzaba a ser profesor en la universidad, decidimos orientar completamente el ejercicio de los talleres de proyectos a los barrios de Medellín, donde estaban sucediendo estos problemas. Y como nosotros, muchas otras personas desde diferentes sectores. Es decir, empieza a aparecer en la agenda de una forma mucho más transparente y lógica los problemas reales. Es desde ahí, desde plantearse las preguntas que son, donde empiezan a brindarse las posibilidades de construir respuestas posteriores, que fue cuando llegamos al gobierno.

(CM): Hay una noción de barrio, que fue una entidad muy importante en el proyecto…

(AE): Yo creo que la esencia de la vida, es la esencia de los barrios. Cuando me hablan de urbanismo, proyectos urbanos y transformación de políticas públicas que tiene que ver con esto, yo sólo pienso dónde está la mayor densidad de personas, dónde está la vida cotidiana, dónde uno puede transformar la vida de la gente. Quiero decir, cuando tú llegas a la casa, sales al parque de juegos o llegas del colegio, hay una noción de proximidad. Eso tiene una serie de relaciones que se vincula con una estrategia que para nosotros ha sido muy efectiva, que es intentar entender y de alguna manera producir un cambio sustancial en la mejora de calidad de vida de las personas a partir de cuáles son y dónde suceden los itinerarios de la vida cotidiana de la gente, que no es ni un proyecto ni un espacio, es una serie de conexiones y de momentos. Puede que yo esté muy dirigido, pero para mi el tema del urbanismo tiene que ver con los barrios y las personas. Cada vez más, por lo menos en las ciudades latinoamericanas, estoy más convencido que hay una potencia infinita en transformar una ciudad desde acciones de pequeña y mediana escala que deben estar conectadas para crear un cambio estructural en la ciudad. Soy muy escéptico de los grandes proyectos que muchas veces no terminan sucediendo en nuestras ciudades. Además que no terminan conectando emocionalmente con la gente, porque este es un tema de construir una nueva narrativa. Tú construyes historias con el proceso de transformación urbana.

(CM): La vinculación con los niños durante el proceso, no consistió en explicarles cómo iba a ser la ciudad, sino que ellos comunicaban la ciudad que querían.

(AE): Esa es una de las historias. Tratamos de abrir un espacio de diálogo muy amplio en algunos de los barrios donde llegamos. Una de las primeras estrategias surgió de uno de nuestros arquitectos muy jóvenes, el Arq. Octavio Ortiz, que trabajaba también con un trabajador social e idearon una metodología que llamamos Jardines imaginarios. Básicamente era innovar en una serie de formatos de conversaciones, dibujo y actuación, para tratar de entender cuál era la realidad de los barrios para los niños, pero también cuál era la que ellos soñaban. Obviamente no pudimos concretar y definir las estrategias a partir de ahí, pero nos permitió ver muchas cosas y tener una sensibilidad distinta para empezar a generar un diálogo, quiero decir, aprendimos mucho de los niños y terminamos de alguna manera aplicando esta serie de estrategias también para personas mayores. Esa fue una metodología de trabajo, pero la historia real, es que soy de una convicción profunda en que se debe de enseñar que cualquier ciudad es para los niños. Si tú diseñas una ciudad para los niños y las personas más frágiles, y estás pensando en ellos, esa ciudad va a ser para todos.

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